viernes, 26 de enero de 2018

YES, Going for the One: Casi el final de una era...

El 7 de julio de 1977 es editado Going For the One, el primer disco de Yes luego de un párate de casi dos años y medio. Durante todo ese tiempo, los integrantes del grupo se dedicaron a la grabación y edición de sendos álbumes solistas. La sorpresa de este nuevo álbum era el regreso de Rick Wakeman a la banda, luego de tres años de ausencia; así como también un retorno a la composición de canciones más cortas, después de la fantástica experimentación musical desarrollada en  Close to the Edge (1972), el polémico doble Tales from Topographic Oceans (1973) y Relayer (1974). Otras de las novedades de este nuevo álbum del grupo, era que se dejaba de lado las ilustraciones de tapa del genial Roger Dean (que habían caracterizado todos los trabajos previos de Yes desde Fragile) para pasar a la imaginería descarnada del grupo de artistas Hipgnosis: en este caso, la imagen de espaldas de un hombre desnudo ante unos rascacielos. Casi un manifiesto anti-urbano y anti-corporativo.

En lo estrictamente musical, Going for the One podría ser considerado como el sucesor de Fragile (1972), el cuarto disco de Yes y el primero con Wakeman como tecladista. El propio cantante Jon Anderson lo veía así: “La única manera de avanzar era hacía atrás, a al menos tratar de reavivar algo de la vida y la espontaneidad que había caracterizado, digamos, a The Yes Album (1971); aquella energía de rock apabullante que inconscientemente había sido echada por la puerta del estudio de grabación mientras las producciones a escala sinfónica incursionaban cada vez más lejos en territorios inexplorados.”

Así las cosas, los cinco números musicales de este nuevo álbum del 77 incluían letras imaginativas y abstractas, mientras que la música alcanzaba una calidad que rozaba la perfección melódica. En Going for the One, además, las armonías vocales estaban perfectamente balanceadas por el magistral trabajo instrumental realizado por Steve Howe en guitarras y el propio Rick Wakeman en teclados. Mientras que Alan White y Chris Squire se mostraban muy sólidos elaborando eficientes bases rítmicas que apuntalaban la estructura melódica. 

LA GÉNESIS: CHAU MORAZ, HOLA WAKEMAN

Going for the One fue grabado (por motivos impositivos) en Montreaux, Suiza; a partir de noviembre de 1976. Allí, luego de un mes de ensayos, quedó más que claro que la química musical del grupo con el tecladista suizo Patrick Moraz (que había grabado con Yes el formidable Relayer) no funcionaba mas y la banda le pidió que se fuera. Entonces, Brian Lane, el manager del grupo, contrató a Wakeman en calidad de sesionista. Cuando Rick se juntó de nuevo con sus ex compañeros, le gustó mucho la música que estaban ensayando y no pasó mucho tiempo para que se integrara a Yes en calidad "full-time"; debido a las insistencias del mismo Lane y de Chris Squire. Al respecto, en ese entonces, Squire declaró: "Rick nunca debió haberse ido, en primer lugar. Debió haber seguido con sus cosas solistas y también con la banda, pero él también tenía su ego. Sus primeros álbumes solistas fueron un éxito de ventas y (a él) no le gustaba nada el material de Tales From Topographic Oceans. Tal vez el hecho de que éramos bastante jóvenes en aquel momento hizo que las cosas no se hablaran como era debido, pero yo no soy nadie para hablar... porque yo también tenia demasiados problemas." 

A fines de diciembre del 1976, Wakeman decía: "Cuando me fui de Yes no fue porque tuviera problemas con los otros, sino porque, simplemente, sentía la necesidad de buscar nuevas sendas musicales por mi cuenta, de experimentar con algunas cosas que no iban en el grupo. Yes es un grupo que tiene muy claros sus alcances, sus fines, sus intenciones, lo que quiere hacer, hasta donde quiere llegar, y, con respecto a esto, es un poco estricto. Cuando decidí separarme, lo hice porque no me sentía plenamente satisfecho con esas pautas: quería establecer las mías propias, y tener (de paso) mas libertad para 'inventar' y explayarme en cualquier dirección. Ahora que completé ese circulo, volver a Yes es algo casi lógico, natural. Ellos se entienden bien conmigo y yo con ellos. No se -y creo que aunque lo supiera no soy yo quien debe decirlo- cuales fueron las razones de la ida de Moraz, pero no creo que haya sido una situación de violencia entre el resto del grupo y el; probablemente quiera seguir con sus trabajos individuales, no sé. Lo único que puedo decir es que el grupo y yo nos pusimos en contacto y (casi sin darnos cuenta) llegamos a la conclusión de que estábamos de acuerdo en trabajar juntos otra vez. Tal vez dentro de un mes nos separaremos nuevamente, no puedo saber que va a pasar en el futuro, pero pienso que, a pesar de todo lo que hemos hecho separados en este tiempo que transcurrió, seguiremos entendiéndonos tan bien como siempre." 

Con respecto a la grabación de Going For The One, Jon Anderson declaró en aquel momento: "El álbum fue una especie de celebración. En los últimos dos o tres años estuvimos experimentando un montón, y estamos felices de poder concretar eso en un disco que es mas suelto y relajado que los anteriores." Alan White también guarda lindos recuerdos al respecto de la grabación de este disco, ya que según el "estaban felices con la vuelta de Rick... y además él estaba tocando mejor que nunca..." 

En sí, Going for the One representaría una bocanada de aire puro para los puristas del rock sinfónico, que estaban hartos de la avasallante invasión del punk rock. Porque, si bien este nuevo disco de Yes era, en esencia, mas austero que su  material clásico -ya que entregaba un estilo algo mas básico de rock progresivo con un repertorio de canciones cortas-, también incluía uno de los temas largos mas espectaculares e inspirados de toda la historia del grupo: "Awaken", que cerraba en forman magistral el álbum. En su momento, Steve Howe opinó al respecto: “El regreso de Rick fue genial, y el disco Going for the One ayudó a reorganizar la dirección de Yes”.

También el baterista Alan White se sintió muy complacido con la grabación: “En encantó hacer ese álbum. Nos divertimos mucho y fue una época muy feliz en la historia del grupo. Cuando Rick regresó tocaba maravillosamente, y fue una época muy creativa para todo el grupo. Todos congeniamos y nos divertimos mucho a partir de la felicidad que trajo el regreso de Wakeman”.

LAS CANCIONES:


El disco abría, justamente, con el tema homónimo "Going for the One" (En busca del Elegido), de la mano de un "irónico" riff de guitarra de Howe, más cercano al estilo de Jimmy Page en Led Zeppelin que al del Yes. Pero no solo esto hizo Howe aquí, ya que su trabajo en el steel guitar fue soberbio. De acuerdo a Jon Anderson, el autor de esta canción, ésta "trata acerca del mundo de los deportes y las competencias. Parte del tema, habla de las carreras de caballos; pero también me inspiro una película que vi acerca de unos deportistas que atraviesan el Río del Gran Cañón del Colorado, en una de esas balsas de goma... aunque tampoco me olvidé de mencionar a la "mente cósmica", en una parte de la letra." 

Con respecto a "Turn of the Century" (“Cambio de Siglo”), Jon Anderson dijo que pensó "en la historia de un escultor que quiere hacer una estatua de piedra dedicada a su amada, fallecida en invierno. La inspiración primigenia me vino de la opera La Boheme y, obviamente, de la historia (mitológica) del Pigmalión. El punto culminante de este cuento es que el escultor pone todo su amor en esta estatua, y ella finalmente cobra vida." 
En lo musical, este es un tema inusualmente bello, en especial en ciertos pasajes instrumentales, en los que la dupla Wakeman – Howe desarrolla extrañas fusiones rítmicas que recuerdan –incluso- a la obra tanguera de Piazzolla, por decir algo. Muy interesante.


"Parallels" era una pomposa canción con la cual la banda abriría los conciertos en los años posteriores. En ella, Wakeman tocaba en un órgano auténtico de iglesia, que fue grabado en St. Martin's Church, en Vevey, Suiza. En parte, "Parallels" es (casi) una prima lejana de la vieja "Roundabout", en lo a que ritmo e intención respecta, aunque (obvio) sin la trascendencia de aquel viejo clásico. Con respecto a la composición del tema, su autor, Chris Squire decía: “Se trata de un amor espiritual. Un tema que ofrece un mensaje de esperanza. En algún momento pudo haber integrado mi primer álbum solista (Fish Out of Water), pero lo pensé mejor y lo reserve para un futuro disco de Yes. También, en este tema, hay una superposición de dos estilos: por un lado esta el riff de blues de mi bajo y, por el otro, el órgano de la catedral; todo sonando al mismo tiempo..." 

Después llegaba la hermosa balada "Wonderous Stories", a la que Steve Howe describió como "parte del periodo renacentista de Jon Anderson... Es por eso que a esta balada la recorre un sentimiento de música clásica". El tema se compuso en Suiza y Anderson recordó que: "Era un hermoso día. Uno de esos momentos que uno recuerda por muchos años y, de repente, la letra de "Wonderous Stories" me vino a la mente. Es una canción exuberante que habla de las alegrías de la vida. Una secuencia de ensueño que recorre historias del pasado y del futuro". 


El álbum concluye con "Awaken", un espectacular tema largo –que comienza con un impresionante solo de piano de Wakeman- que se colocaría entre los mayores clásicos de la historia del grupo. Según señaló  Jon Anderson: "Awaken" fue "lo mas grande que hicimos jamás". Aquí, otra vez, las letras son surrealistas, cósmicas y místicas al extremo. Por eso, tanto Anderson como Squire cantan como si fueran auténticos espíritus “que pasaron al otro lado", y evocan las visiones extraordinarias y  superterrenales que están viviendo. El clímax instrumental final, luego de una parte media experimental, es simplemente demoledor y emocionante, y uno de los momentos más gloriosos que haya grabado Yes en toda su historia. Aquí se subraya el carácter místico del tema, cuando se evoca (respectivamente) a los maestros de las imágenes, del alma, de la luz, y del tiempo. Con respecto a la composición del tema, Anderson dijo: "Estando en Suiza, tuve la oportunidad de leer un libro llamado The Singer (El Cantante), que trataba acerca de un himno antiguo. También fui influenciado por otra lectura, acerca de la vida del pintor holandés Rembrandt..."
Alan White cuenta que "el tema fue dividido en diferentes secciones, para su grabación; pero nosotros tuvimos siempre la totalidad del tema en mente, el modo en que tenia que quedar la composición final". Dijo, además, que en ese final monumental de "Awaken", "Rick Wakeman estaba tocando el órgano de iglesia en una iglesia que estaba a 16 kilómetros de distancia y nos comunicábamos con él a través de cables telefónicos”.
Anderson agrega al respecto de esta suite: “Awaken” es  una pieza hermosa en estructura y forma. Tiene todo lo que deseo de un grupo de músicos actuales. Antes de eso, todo parecía muy gris. Luego de tres años grises con Relayer, grabamos un bello disco llamado Going for the One”.

EL ÉXITO OTRA VEZ, PERO, SIN EMBARGO…

Una vez editado, el álbum muy pronto alcanzó el primer lugar de los rankings ingleses y la octava colocación en los Estados Unidos. Sin dudas, marcando que el regreso de Yes había sido todo un éxito. Al mismo tiempo, el grupo conseguía un triunfo inesperado en el mercado de singles, cuando, en septiembre del 77, el tema "Wonderous Stories" trepó hasta el séptimo lugar en Inglaterra; y el single “Going to the One” llegó al puesto 24. 

Todo parecía muy diáfano en esta nueva etapa del grupo, pero…

Según apunta el crítico y ensayista argentino Norberto Cambiasso, en su formidable libro Vendiendo Inglaterra por una libra: Una historia social del rock progresivo británico: “Cuando Going for the One vio la luz en julio de 1977, el disco se parecía menos a una confirmación que a una despedida. En pleno verano caliente del punk, los fans lo impulsaron directo a lo alto de los charts y la crítica se deshizo en elogios, celebrándolo como un regreso a las fuentes (…) Sin embargo, Yes oscilaba entre una suerte de incomprensible (en ellos) power pop y la lasitud barata de sus piezas acústicas (…) En su afán excesivo por ponerse a la altura de los tiempos cambiados, Going for the One hipotecaba una identidad trabajosamente construida.”

Estos males de los que adolecía GFTO se debían, según Cambiasso, a que “era como si el universo sonoro de Yes, que con esfuerzo fanático tanto habían procurado expandir y enriquecer durante el último lustro, se hubiese adelgazado en un santiamén. Acaso se debiera al mayor de los males que aquejaba al disco: la ausencia de Eddie Offord en la consola de producción. Sin él, Yes empezaba a asimilarse a tantas otras bandas del montón. Howe, (en 1981) al menos, lo sospechaba: “Relayer fue hecho con mucha rapidez, y pienso que es un álbum razonable, mientras (que) Going for the One tardó una eternidad, y honestamente no creo que fuera tan bueno”.


Luces y sombras de un disco que es signo de su tiempo, como uno de los últimos estertores de un gigante que comenzaba a devorarse a sí mismo: el clásico rock sinfónico de los 70. No, no lo mató el punk; quizás se murió de muerte natural cuando se agotaron las propuestas artísticas de los grupos principales de este estilo, a partir de 1975. No por nada, lo mejor de Emerson, Lake & Palmer, los propios Yes o Genesis (hasta incluso Pink Floyd, por qué no) está en la primera parte de los setenta, la época dorada de la música rock. Luego, la década de los 80 los encontrará con el paso cambiado, tratando de adaptarse a los nuevos aires y propuestas del rock como negocio, para sobrevivir y seguir sacando nuevas producciones y realizando giras. A veces, incluso, con un inusitado éxito comercial, como el del Genesis trío liderado por Phil Collins, las primeras épocas del supergrupo Asia o el nuevo Yes del álbum 90125.

Con respecto a si Going for the One fue un disco bello y maravilloso, como aseguran los fans más acérrimos del grupo (además de Anderson, Wakeman y White) o apenas una engañifa para disimular la caída pronunciada (en términos artísticos y creativos) que empezaría a atravesar Yes de aquí en más (opinión avalada por varios críticos y ensayistas); la última palabra siempre la tendrán los oyentes. Todos y cada uno de los seres que quieran saber, alguna vez, que significaba eso de “ir por la unidad”…

(Bibliografía: Notas de Alfredo Rosso, R. Boissoneau; Revistas Pelo y Cantarock; y entrevistas a los músicos de Yes en el documental Yesyears, 1991) 

Investigación: Emiliano M. Acevedo 


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