jueves, 8 de septiembre de 2016

JAMÁS PERDIÓ LA FE EN SU LIBERTAD, entrevista a Andrea Prodan



Foto: Gentileza Los Andes Online
Los caminos de la vida pueden ser planeados o azarosos, o las dos cosas al mismo tiempo, para bien o para mal. En el caso de Andrea Prodan, la suya siempre fue una existencia compleja, que empieza con una herencia familiar muy poco común, con una madre nacida en China, pero de raíces escocesas -al igual que sus dos hermanas-, un padre anticuario, y un hermano, Luca, luego reconvertido en uno de los mayores mitos del rock argentino.
Quizás haya sido justamente este inusual núcleo familiar el que influenciaría de tal forma la vida de este “romano pagano”, que hizo de todo a lo largo de sus 55 años. Primero, cantante, más tarde aspirante a director de fotografía y actor cinematográfico, de nuevo cantante, músico y compositor, además de conductor de un programa de radio…
 En fin, entre tantas idas y vueltas, Andrea tardó bastantes años en encontrar su lugar en el mundo, como ahora habla de su querido Valle de Traslasierra, en Córdoba. Desde allí acepto gustosamente a contestar las preguntas de esta entrevista, en la que recorremos buena parte de la historia personal de este espíritu inquieto, incluyendo jugosas anécdotas de su paso por el mundo del cine, además de su emotivo y visceral recuerdo de Luca.
También aquí, Andrea nos habla de su presente, que incluye su trabajo en Romapagana, su grupo de rock, además de su intención de seguir desarrollando, de aquí a poco, decidido pero sin prisa, su labor solista con la edición de nuevo material discográfico. Sin dudas, una vida en arte y en pleno movimiento.

ENTREVISTA> ¿Cuáles son los primeros recuerdos que tenés vinculados al arte? ¿Qué fue lo primero que te apasionó de chico, la música o el cine?
Creo que desde muy chico no sabía separar al arte de la vida cotidiana. Nací mirando la primera iglesia barroca de Roma (Santa Caterina dei Funari), y mi padre era el coleccionista más reconocido de Arte Chino de Italia, así que nuestra casa siempre fue pensada con el ‘arte’ en un lugar de especial relieve. Desde muy chico escuché música de varios tipos, con prevalencia de la música clásica por el lado de mis padres, y del pop-soul-rock por parte de mis tres hermanos. También fui solista del coro del King’s Canterbury, en la Catedral inglesa y grabé discos a la edad de 11-13 años. Iba “de gira” con el coro por Europa en un micro, como si fuera un rockero celestial, ¡con una bolsita de caramelos ingleses en lugar de drogas! Mi padre había sido productor y director de cine, y mi hermana fue, entre otras cosas, secretaria personal de Jane Fonda en los 60 y 70. Pero lo mío, en la infancia, era ir a ver películas spaghetti western y otras de James Bond en el cine pueblerino de Tarquinia, metido en medio de los silbatos y formando una comunión mística con los otros espectadores, en la oscuridad de la sala. Eso era la magia del cine, antes de la llegada del ‘video’ en sus varias salsas.
Los Prodan en familia...
Entonces, ¿cómo era tu núcleo familiar en relación al arte, tus padres los impulsaban y apoyaban a que realizaran carreras artísticas a vos y tus hermanos?
Mi familia era unida, pero a veces separada por muchos kilómetros… En mi caso, y por ser  “el último”, diría que mi padre ya había dejado atrás cualquier esperanza de ‘pilotearme’ en una dirección. Yo tenía pasta para ser anticuario, sabía varias cosas e instinto en materia de porcelanas Ming o terracotas T’ang, pero mi padre no me indicó este camino. Vio que lo mío era el teatro y la música (esto lo notó gracias al sistema educativo privado británico, siempre muy atento en aprovechar los talentos de sus alumnos), y me dejó fluir… Con mis hermanas mayores su idea era más machista: las quería secretarias, pero fracasó parcialmente ya que Claudia fue traductora simultánea en la ONU, y Michela trabajó en decenas de películas internacionales en la producción y en el ‘set’. El caso de Luca fue un clásico ‘choque de titanes’ entre padre y primogénito, ¡y más durante la revolución del Flower Power! ¡Algo explosivo!  Derrotado por las rebeldías continuas de Luca, mi padre se conformó con verlo escaparse a Argentina en el 1981, aliviado por saber que ahí no había heroína. Nunca escuchó un disco de Sumo.  ¿Su venganza personal? Murió  cinco años después que mi hermano.

¿En la actualidad qué lugar ocupa la música y el cine en tu vida?

Siguen siendo mi alimento, del alma y en lo económico. Aunque lo económico es casi irrisorio en esta época. Vale decir que cuando vivía en Roma, hacía tres o cuatro películas por año, con directores de talla como Gianni Amelio, Peter Greenaway, Bernardo Bertolucci, Liliana Cavani, Emanuele Crialese, y ganaba buena plata. Había dejado atrás mis placeres musicales, ¡porque Roma no tenía nada de rock!  Pero el cine me proponía continuos estímulos, ciertos lujos y viajes. Sin embargo, no tardé mucho en acusar cierto malestar, ya que esto no era lo que yo buscaba… Pero, bueno, cuando todo ‘anda tan bien’ a los ojos de todos, pensás que estás algo loco si no la estás pasando bomba. Además, conocí a tantas estrellas de cine que al conocerlos más íntimamente me mostraban las grietas de una vida triste y solitaria, la típica vida del actor de cine. Por ejemplo, Mastroianni, Gassman, Bruno Ganz, Richard Harris… En fin, la lista es infinita. Y me dije: “¡Yo no quiero terminar así!”
Ahora hago cosas más pequeñas, acá, en Argentina.  Pero las hago con amor, con respeto a los que se embarcan en el proyecto, como en el caso de las películas de Mario Gómez o de Gianfranco Quattrini e Inés Cesar de Oliveira. Por otro lado, mis antojos musicales también son plenamente satisfechos, ya que Romapagana es mi descarga político-social-rockera,  y hago música más íntima y vocal como ‘solista’, además de participar en proyectos ajenos de vez en tanto, como en el caso de The Crabs Corporation, con su homenaje a The Clash.

¿Y cómo se dio el inicio de tu carrera de actor y tu paulatina inserción en la industria cinematográfica?
Mis comienzos como actor son consecuencia de mi formación escolar, en Inglaterra. Pensá que yo era algo rebelde y payaso en el aula. Entonces, ¿qué hicieron? ¡Me enchufaron en las obras teatrales del colegio! Muy práctico. Muy inglés. Lo mismo me pasó en la universidad. Hice teatro ‘under’ en Roma, pero mi verdadero objetivo, al abandonar los estudios, fue ser director de fotografía, en cine. Porque, como ya te mencioné, fui cinéfilo desde siempre, y me fascinaba el oficio del director de fotografía con su mezcla perfecta entre arte y artesanía técnica. Néstor Almendros, Giuseppe Rotunno, Sven Nytkvist, Gordon Willis, estos eran los nombres de mi firmamento de artistas que influyeron en mi idea de querer aprender esta profesión. Ellos fueron los hombres que les dieron un estilo visual a Truffaut,  Fellini, Bergmann y Coppola.  Así que me presenté en Túnez, en el set de filmación de Anno Domini (1984), una mini-serie escrita por Anthony Burgess, y protagonizada por Susan Sarandon, James Mason, Ava Gardner, etc. Ahí le pedí al gran director de fotografía Ennio Guarnieri (quien trabajó con Pasolini, Fellini y Zeffirelli) que me tomara como asistente de cámara. Mi soltura en inglés e italiano me ayudaron mucho. Finalmente, trabajé por él por tres años. ¡Hasta hice Ginger & Fred de Fellini gratis!
No quiero ser pedante, pero terminé actuando en cine porque un encuentro fortuito con Susan Sarandon decidió mi rumbo. Luego vino un casting estresante pero productivo con Liliana Cavani, y ahí comenzó mi vida profesional como actor. Con una suite en el mejor hotel de Viena y un papel co-protagónico en Berlín Affair (1985).  La verdad, estaba algo asustado. Por su parte, Luca era mi fan número uno desde Argentina. ¡Porque él siempre quiso ser actor! Luca tenía a El Portero de Noche de la Cavani entre sus pelis preferidas. En lo que a mí respecta, como actor, los tortuosos e injustos laberintos del camino para ser director de fotografía en Italia quedaron atrás, porque en solo tres años ya había trabajado con gigantes de cine de autor… ¡y me pagaban! Pero, lo que extrañaba y necesitaba, ¡era la libertad del rock!

¿Y cómo fue codearte con tantas figuras, y empezar a trabajar con varios directores y actores que eran tus ídolos de chico? ¿Cómo lo viviste?
Mi primer papel en el cine como el futuro emperador Britannicus, hijo de Claudio, me tenía actuando con Ava Gardner y Fernando Rey.  Por cosas como estas creo que lo surreal me ha perseguido en toda mi vida. Imaginate, que, un par de años más tarde, se da mi primera aparición en un escenario de Argentina -o casi- nada menos que en el Estadio River, ante 70 mil personas, cantando “No Tan Distintos” (de Sumo) al final del show de Las Pelotas y antes de los Rolling Stones. ¿Me explico? ¡Cosas raras! Pero crecí rodeado de gente interesante gracias a mi familia. Mi padre le vendía arte chino al Rey de Suecia, al de Grecia y a (Henry) Kissinger; también a actores de renombre. Mi hermana llevaba a casa a Grace Jones, Robert De Niro, Peter Fonda y Dennis Hopper. ¡Y ni hablar de la cornucopia de personajes “desconocidos” y maravillosos!
¿Cuáles son tus ídolos actuales en el cine?
No creo tener ídolos, ¡porque prefiero no sentirme esclavo de esto! Pero sin duda me fascinaron siempre los trabajos de Tarkovskj, Kurosawa, Fellini, Orson Welles, Kubrick, Buñuel, y… ¡el Correcaminos! Hoy en día me fascinan los buenos documentales como Man on Wire, y el cine chico de cada rincón del planeta. Me parece que ésta no es la época de los grandes en la Industria del cine. Y tampoco en el rock.

Recién nombraste un par de directores favoritos, ¿y cuáles son tus filmes preferidos?

Gracias por preguntar. Un lujito. Bueno, L’Atalante , de  Jean Vigo; This is Spinal Tap , de  Rob Reiner; Dramma della Gelosia , de  Ettore Scola; Solaris,  de  Andrej Tarkovskj; Papá está en viaje de negocios, de  Emir Kusturica; El Enigma de Kaspar Hauser , de  W. Herzog; Polyester , de  John Waters… También me gustan mucho varios “momentos” de la filmografía de Federico Fellini.

Volviendo a tu labor actoral, ¿cómo analizás a la distancia tu participación en películas como
The Berlin Affair, Good Morning Babylon, El Vientre de un Arquitecto, Nowhere, La Entrega o El Jardín Primitivo?
Mirá, cada película ha aparecido de un modo sorprendente, “místico”, en mi vida. ¡De verdad! Este sería el único análisis que podría hacer… Y me empecé a dar cuenta de esto, más o menos, en la quinta película en la que trabajé.
Todo esto viene a cuento de que aunque he trabajado en unas cuarenta películas, cada vez que un guion caía en mis manos, mi mandíbula se caía del asombro. Porque siempre las temáticas de los guiones tenían que ver en modo realmente asombroso con el momento específico de mi actualidad. Solo después de conocer bien el I-Ching he notado que estas “casualidades” no eran tan insólitas. Los mensajes venían como subrayando aspectos de mi vida, direcciones para tomar o esquivar… ¿Estoy loco? Sin embargo, han sido demasiadas las coincidencias. Así que nunca he visto la mía como una ‘carrera’ de actor, pero sí como una oportunidad única de meterme en la piel de otro ser humano (ya sea un cafisho búlgaro en la reciente El Puente,  el bíblico Lot en Abraham, o el de Ettore Majorana, el físico nuclear genial y desaparecido en I Ragazzi di via Panisperna) e intentar comprender de que se tratan estas vidas. Es un asunto de locos, un juego peligroso. Si no estás bien ‘anclado’ la corriente te puede llevar, y dejarte en alta mar. Esto es un poco lo que me pasó a mí tras años de ‘cambio de personalidad’. Afortunadamente, Argentina me dio la maravillosa oportunidad de re-crearme a mí mismo. De limpiar. De volver a empezar.

¿Y qué es lo que más te atrae en la actualidad, la actuación o la dirección?
Desde hace muchos años me encuentro con gente que me pregunta: “¿Cuándo vas a dirigir?”
Primero: ¡Yo quería actuar! Es verdad que, como una vez me dijo Susan Sarandon, un actor tiene mucha suerte si llega a contar con unas tres buenísimas películas o papeles en toda su vida. Porque es un trabajo lleno de esfuerzo y esperanzas que, casi siempre, ¡termina en algo mucho menos grandioso de lo soñado! Pero, en Italia por lo menos, hay una especie de ley no escrita que para ser ‘tomado en serio’ un actor tiene que aspirar a ser director.
Los directores de cine me despiertan una mezcla de admiración y respeto, y de miedo. En muchos casos son unos mitómanos. Chamuyeros. Psicóticos. ¡Raramente son seres humanos ‘normales’!
Quizás debido a esto, desde el 1998 estoy filmando un documental sobre Piero Stamij, mi legendario personaje cineasta búlgaro. Sus comienzos en el cine de animación en los años 50 y como su sucesivo pasaje al cine convencional determinaron un estilo altamente personal. Y como su modo de relacionarse con actores y equipo son, de paso, nada menos que singulares. Stamij es una mezcla entre Werner Herzog y Tex Avery, y aunque es conocido en pocos círculos algo ‘elitistas’ quien se lo haya cruzado, aunque sea una vez, nunca más se lo olvida. Resumiendo, como director me siento cómodo en el papel de documentalista ya que me permite tiempo y cierta libertad económica. Puedo mirar sin, aparentemente, bajar línea… Pero, como todos ya sabemos, lo que aparenta ser verdad es, muy a menudo, mentira.

HOY, AQUÍ CON ÉL…
 
La última foto con Luca...
¿En qué momento tomaste conciencia de lo grande que era Luca como mito del rock argentino?
Sabía que presenciaba algo fenomenal cuando lo vi al mando de Sumo en diciembre del 1982, en el Café Einstein. Luego, el ‘mito’ se fue forjando en mi ausencia. Me llegaban noticias desde sus casetes de música y palabras. Luego vi los noticieros, leí los diarios cuando falleció…. Pero todo esto es otra cosa.
Lo que a mí me ‘toca’, es el modo en que la gente recuerda a Luca. El cariño, la profundidad con la cual lo supieron, o lo saben entender… El modo en que el sonido de su voz llegó a activar los más recónditos rincones de la sociedad, de los individuos. El “Luca Vive” ya tiene muchos años… y aún sigue sonando. Un milagro de la esperanza, ¿no?

¿Y qué diferencias encontrás entre la Argentina de esos años 80, cuando recién viniste a visitar a Luca, y la actualidad?
En los 80 Argentina era un país muy formal. Duro. Se notaba la paranoia en la calle. Era anticuado y gris (en especial Buenos Aires). El campo, era igual que ahora, pero más sano, claro… Sin pesticidas y VW Amarok.  Todo muy convencional, rígido.

¿En este punto, pensás que Sumo, de haber salido al extranjero, podría haber tenido repercusión  a nivel internacional?

No en su momento. Porque eran para el aquí y ahora… ¡Ahora sí!

¿Alguna vez fantasearon con Luca con la posibilidad de hacer algún proyecto juntos?
No fue ‘fantasía’. Luca me ofreció estar en su banda. Es que yo había tocado el bajo un poquito, en su momento, en una banda en mi universidad en Exeter, Inglaterra. Pero luego escuché a Arnedo, después lo vi en acción, y le dije a Luca: “¡Estás loco! ¡Mira a quién tenés a tu lado!” Por cierto, tuve ganas, y después culpa… Pero, siendo realistas, conocía a Luca muy bien, y sabía que él era un planeta con una fuerte gravedad  -destructiva aunque divertida-, y ser su satélite no era para mí. Además yo amaba muchísimo al cine, y desde mis comienzos tuve mucha suerte como actor, y antes, como técnico, como dije antes. Y Luca me envidiaba mucho, ¡porque siempre quiso ser actor! Así que nunca se dio un proyecto juntos. Cosas de la vida.

¿Qué opinás acerca de todos los libros, películas y documentales dedicados a la figura de Luca? ¿Tenés alguno preferido?
El libro de Pettinato es muy perspicaz, y quien conoce solo al Petti showman de la tevé podría sorprenderse frente a la sensibilidad escondida atrás de este ‘personaje’ tan glamoroso. Él comprendió varios aspectos de Luca que a veces no se evalúan acá. El libro de Polimeni es más biográfico, y además recoge varios artículos de la época. Luca, el documental de Rodrigo Espina es una peli muy valiosa, hecha con amor y verdad. El amor para el sujeto es algo que raramente se nota en un documental. Acá sí, y no solo de parte de su director, sino de todos los que participaron. Together, de Jannik Splidsboel, es otro documental, casi un ‘road-movie’ poético-psicoanalítico. Es una peli excelente, aunque retrata más aspectos de toda la familia Prodan que de Luca en sí. Con respecto al film Luca Vive, no lo vi. Sin embargo sé que no valdría la pena hacerlo.
 
Foto: Fernando Boschetti
¿Cuál es tu opinión acerca de cómo era Luca más allá del mito, de todo lo que se habló y se escribió de su figura durante todos estos años? ¿Cómo lo recordás?
Luca era una persona que siempre te llevaba “un poquito más allá” de lo que te hacía sentir cómodo. Con su estilo brillante y natural te llevaba a hacer cosas que te excitaban, pero que siempre estaban algo ‘al borde’. Esto era su plan. Luca era, realmente, un ser que luchaba por la libertad, ¡y por la tuya, también! Podía ser muy agresivo en mostrarte tus miedos, echándotelos en la cara. Pero siempre, creo yo, con amor. Lo hacía para hacerte ver la verdad. Creo que esto se captó muy fuerte en este país que venía de salir de un periodo en que pasó una dictadura tras otra, en donde la gente le mentía a otros -y a sí mismos, claro- desde hacía tanto tiempo. Los mismos héroes del pop/rock local nunca nos convencieron del todo, a Luca y a mí. Charly, Fito Páez, Soda Stereo y muchos otros eran pálidos ejemplos de libertad, arte, verdad. Tan solo copias amaneradas de fórmulas ajenas. Lo careta se ‘vibraba’. ¿Pappo? Él era más auténtico, sí… Y alguno que otro también, pero en general todos hablaban desde lugares algo banales. Luca no. Él era de la verdadera estirpe del rock, así como se conoce al género en Inglaterra o en Estados Unidos, aunque menos de la última. Era un auténtico pensador muy coherente con sus ideas e ideales. La gente más despierta se dio cuenta de esto, y se sigue dando cuenta. En resumen, siempre lo recuerdo divertido, peligroso, ¡y real!

¿Viste que siempre está muy presente la idea del reviente, vinculada al rock y a sus figuras? En el caso de tu hermano, ¿crees que su mito prevalece, y sigue siendo tan actual su obra, porque más allá de los excesos, en el fondo había un hombre ilustrado que tenía muy en claro cuál era el mensaje que quería dar como artista?
Sin querer ya di mi respuesta. Creo que Luca era un verdadero hijo de su época (los tardíos 60), una época que no es la mía…. Él respetaba altamente los ideales de sus mentores (musicales y autorales) y tanto su vida y muerte fueron parte de un cuadro judeo-cristiano de auto-inmolación juvenil, de héroes de la youth culture pronto quemados, como fue el caso de Kerouac, Morrison, James Dean, o (Nick) Drake…. En la actualidad, el mundo está cambiando en modo vertiginoso. Sin embargo, volviendo a mi hermano, su mensaje tardío de “respeto y amor” es muy especial y eterno. Y muy actual. Y su humildad de vida, en la calle, con la gente, todo esto sigue siendo muy actual, y siempre lo será.

¿Tenés alguna anécdota vivida con él que te venga siempre a la memoria?
Varias. En este momento recuerdo mucho cuando un día sacó el pequeño jeep de mi madre de nuestra propiedad en Tarquinia, en el campo italiano, y me llevó a hacer una ‘scappatella’ (escapadita) con él al volante, durante un finde en que mis padres no estaban. Tené en cuenta que Luca no sabía manejar. Nunca aprendió. Ese día nos fuimos hasta unos grandes campos de trigo y él aceleró hasta el máximo. Finalmente, el autito volcó, lanzándonos a varios metros de distancia (gracias a Dios). Quedamos llenos de cortes y moretones….Y  no había nadie en un radio de 15 km. Pero no recuerdo el desenlace…. Yo tenía como 7 años, y él 16… Nuestro padre nos dio una penitencia ‘ejemplar’… En fin, fue otro típico cuento con Luca….

¿Es cierto que hubo una idea de que tomaras el lugar de Luca en Sumo, luego de su muerte, o nunca se barajó esa posibilidad como algo concreto?
Cuando Luca falleció viajé con mi madre a Buenos Aires. Ahí estaba toda la banda… huérfana. Nadie sabía qué hacer. Recuerdo que alguien propuso que fuéramos a ‘descargar un poco’, así que fuimos a la sala de ensayo, en El Palomar… Un sótano. Y ahí repasamos todos los temas de Sumo ‘a full’, sin lista, en una verdadera catarsis necesaria aunque impotente. Alrededor del tema 15 ya no tenía más voz…. Fue íntimo y emotivo, y no tenía proyecciones futuras. Luego me volví a Roma. Bastante tiempo después Timmy me preguntó qué planes tenía con la música. Yo notaba cierta curiosidad en él de ver si la posibilidad de volver a reflotar Sumo, o si alguna variación del grupo, se podría dar.  Pero a mí no me cerraba la idea e imagino que a otros tampoco. De hecho, y por una casualidad increíble, volví recién unos siete años después, pero para grabar mí disco solista puramente vocal Viva Voce. Algo muy alejado de Sumo. Yo sigo creyendo que Sumo es un plato ‘único’, con un ingrediente único que se llamaba Luca. Cualquier otra propuesta sería otro plato, otra receta...

¿Cuál es tu opinión de los grupos que surgieron de Sumo? ¿Seguís viéndote con los músicos que acompañaron a Luca en el grupo?
Para mí, Divididos y Las Pelotas son las dos mejores bandas del mainstream discográfico de Argentina. Muy distintas entre ellas, me gustan las dos, aunque se hayan alejado mucho de sus comienzos. Especialmente Las Pelotas, quienes han forjado un estilo propio que nada tiene que ver con Sumo. Lo que pasa es que no tengo al mainstream de las discográficas y de los mega-festivales de empresas como un foco personal de interés. Yo no encuentro estímulos ni sorpresas ahí.
Nuestros encuentros personales son muy pocos y casi siempre casuales. Cosas de la vida, del crecer y de gustos distintos, imagino. Uno no hereda los amigos de sus hermanos por automatismo, ¿no? Sin embargo, hemos compartido momentos buenos.

¿Cuáles son tus álbumes y/o canciones preferidos de Sumo?
Me gustan todos los discos. Todos tienen onda. Mis temas preferidos varían. En vivo me encantaban: “Shut up, Mark!”, “Ha Ha Disco” (¡nunca grabado!), “Mejor no hablar de ciertas cosas”, “Divided by Joy ”¿De los temas que están en los discos?  Me gustan mucho “La gota en el ojo”, “Estallando desde el Océano”, “Ojos de Terciopelo”, “Warm Mist”, “Mula Plateada”, varios reggaes poderosos… Ayyy,  no… ¡Es que son demasiados los temazos! Solo puedo decir que cuando puse “Pinini Reggae” en mi dormitorio de la colimba, en Italia…Todos bailaron, ¡y después me lo pedían todos los días!

UNA INESPERADA GUÍA VOCAL
 
¿Cuál fue la génesis de tu álbum Viva Voce (1996)? ¿Cómo se te ocurrió hacerlo, que te inspiró? ¿Cómo lo grabaste?
¿¡Estás listo para las respuestas?!  Bueno, mi bandita ‘part time’ en Roma nunca ensayaba -ya que las tentaciones de esta ciudad son tantas, que encerrarse en un sótano con músicos es puro masoquismo…-, así que yo mismo grababa las partes de bajo, bata y guitarra con mi voz en cuatro pistas, en casete, ¡y luego se las daba a los músicos para que se las llevan a sus casas, para ensayar! ¡Posta!  Unos años después, el batero, Pino Ferreri, me devolvió un par de aquellos casetes diciéndome que eran geniales. Entonces, cuando decidí parar de actuar por un tiempo, acaricié la idea de hacer un ‘disco vocal’, solo que probé hacerlo en 16 pistas… ¡y era maravilloso! Esto fue en Bologna, y luego me di cuenta que nadie sabía de qué estaba hablando al explicar lo que hacía. Hasta que un día apareció Timmy Mackern. Finalmente, el disco lo terminé grabando en el estudio-casa que Luca y Tim soñaron tener, en Traslasierra. Casi que fue una mística continuidad, sazonada de muchas casualidades.  Pista sobre pista, esos temas ya imaginados ‘en mi cabeza’, fueron registrados. Más tarde, el disco ganó el premio ACE en el 1997 y estuvo entre los discos preferidos de Peter Gabriel, en su página web de Real World Records, ¡por varios meses! Para mí, fue una experiencia singular, un acto de fe y un gran juego-terapia.  Es un disco casi anti-tecnológico, donde hago los efectos (delays, ecos, sintetizadores, etc.) puramente con la voz, sin samples (¡que además eran carísimos en esta época!), y grabando todo en cinta, en tiempo real…. Mis inicios en la música sacra/clásica y mi disciplina me sirvieron para embarcarme en esta locura de 33 días de grabación. Me grabó el sonidista de las Pelotas, el gallego Felix Valls. Es decir, ¡que solo dos personas participaron de la grabación!

¿Encontrás algún paralelismo entre este trabajo y A Capella (1985), el disco de solo voz grabado por Todd Rundgren?
Mirá, unos años después de haberlo hecho estaba  en una disquería de Roma y descubrí ese disco de Todd Rundgren. Justamente, él es un músico del que -casi siempre- amo mucho lo que hace… Así que cuando vi que él había hecho algo parecido, compré el disco, devorado por la curiosidad. Pero me encontré con un L.P. altamente ‘tratado’ a nivel sonoro, con muchos efectos y pedales, con filtros. Es como que se pierde el juego. Ese disco no tiene el coraje de enfrentar el reto. Por lo menos así es como veo la cosa. De cualquier forma, subrayó mis afinidades con Rundgren. Somos de tener muchos gustos similares en la música. Nos gusta la variedad, y el desafío.

¿Y cómo tomaste el elogio que te dedicó Peter Gabriel acerca de Viva Voce?
Aun hoy conservo sus dos cartas con orgullo y amor.
 
¿Hay posibilidades de que grabes otro álbum en un futuro cercano?
Como tengo periodos de explosión creativa que vienen sin forzar, ya tengo muchas cosas grabadas. Sin embargo, como no le doy prioridad a la música, espero. Tengo una familia, hijos, una vida hecha de cosas cotidianas. También tengo a mi banda, que me espera en Buenos Aires. Pero cuando algo me llama a mi garaje, al lado de mi casita en Traslasierra, me dejo sorprender. Después grabo 15 temas en un día y los dejo decantar. Ahora tuve un periodo altamente creativo. He grabado con mi escasa técnica instrumental, pero basándome en mi instinto musical, en mi amor al arreglo, y en algunos casos en la simpleza total. Admiro a Lennon, en especial su época post-Beatles, por sus temas simples y directos. Pero también a los africanos, y a las nursery rhymes  inglesas. En resumen: juego, o digo lo que necesito decir. Las palabras salen, y después las voy puliendo o las dejo así como brotaron. ¡Tiempo después me sorprenden!
Mi idea para un tercer disco está basada en estos temas, en el estado crudo, espontáneo, imperfecto pero vertiginoso y vivo. El momento de la creación, sin retocar. Con el oyente y yo mismo volviendo ahí… A mi garaje en esta tarde otoñal cordobesa, para este fragmento de vida atemporal y llena de fe. Y después también está el segundo disco de Romapagana que nos invita a decidir y descubrir cuál será el rumbo de la banda.

¿Tenés alguna canción preferida escrita por otro que te hubiese gustado componer a  vos?
No. Me gusta el hecho de que la compuso otro. Que sea única.

Recién hablaste de Romapagana. ¿Cómo se originó la banda?
Romapagana tiene 11 años. Nació en mi garaje cordobés (¡ella también!) pero todavía no tenía nombre. Solo eran unos temas entre el folky & el rock. Luego con el encuentro con ‘Rojo’ Limardo (guitarra solista), Diego Segovia (bajo) y Christian ‘Pistón’ Fernández (batería), el plato empezó a cocinarse. Los temas los compuse yo, ya que para encarar la ‘personalidad’ de una banda nueva hay que tener, creo, una idea clara, y una actitud sonoro-visual-conceptual que sea fresca y definida. Ahora que ya nos conocemos bien, y que nuestro planeta tiene un nombre y una topografía, el estado actual de nuestro planeta nos brinda amplio material para las letras.
 
¿Cómo surge la idea de hacer un programa de radio? ¿Seguís conservando la colección de discos que tu hermano te traía cuando trabajaba en una disquería?
Mis vinilos, y los que eran de Luca y de Claudia, conviven (casi como hijitos) en mi casa y suenan en Parcialmente Nublado, mi esporádico programa radial, que actualmente sale los viernes de 19 a 20 en FM 95.1 El Grito! (http://elgrito.radioteca.net), en Los Hornillos, Cordoba. El programa nació cuando Mario Ferrarese me ofreció total libertad para el programa en su singular emisora, hace varios años ya. Después se mudó a radio Universidad de la Plata por 3 años, antes de volver a Traslasierra, via Hurlingham. En verdad, un ‘viaje’.

Hablando de tu programa, ¿qué música estás escuchando ahora y recomendás a nuestros lectores?
El programa es de música algo insólita... Cosas que me gustan desde años y alguna novedad con la cual me cruzo. Y lo digo casi literalmente ya que Parcialmente Nublado, se ocupa bastante de músicos que 'descubro' tocando en la calle o en lugares insólitos. Hay música increíble en la calle. Música cautivante, variada… Viva.
En Roma descubrí a los Funkallisto, en Buenos Aires a los Rootsteady, y en muchos otros lados a bandas o solistas muy valiosos. Por supuesto, mucho más estimulantes que la comida procesada y sinsabor que proponen las discográficas.
Pero mis gustos son amplios. Lo bueno sobrevive al pasar del tiempo.
Artistas como Nick Drake, Lou Reed, Bowie, Iggy Pop, Franco Battiato, Brian Eno, Zappa siguen iluminando...
Bandas como Magazine, The Byrds, Wire, Beatles, Ramones, Captain Beefheart, King Crimson y otras cien, también.
¿Sumo?  ¡Un planeta solo para ellos! La Manzana Cromática Protoplasmática.

OPINIONES Y REFLEXIONES DESDE LOS VALLES…
 
¿Por qué decidiste radicarte en Argentina, varios años después de la muerte de Luca?
Porqué tuve un hijo de una mujer argentina. Luego nuestra relación se quebró en Roma y ella se llevó a mi hijo a la Patagonia. Esto selló mi destino, ‘argentinizándome’, ya que necesitaba verlo y no quería seguir de soltero/actor en Europa (con toda la plata que ganaba ahí, etc…).

¿Y por qué elegiste vivir en Córdoba y no en Buenos Aires?
Me encantan las sierras, los pájaros, la luz el agua y la magia de Traslasierra. Aparte, ¡ya viví 10 años en Buenos Aires! Necesitaba tener vida, experiencias, locura y rock. Necesitaba trabajar y conocer gente. Recién pude venir a vivir full time a Traslasierra, Córdoba, con mi segunda mujer argentina y mis dos hijitos: Catalina de 11 años y Calisto de 3. Mi hijo mayor, Homero, ya tiene 19 y ahora vive y estudia en Córdoba Capital, pero nos vemos.

¿Y cómo crees que te fue cambiando la paternidad a nivel artístico y personal?
Cada paternidad me ha cambiado... o mejor dicho, me ha encontrado en un momento distinto de mi vida, y me ha modificado. ¡Gracias a Dios!
En Europa no tienen más hijos porqué... ¡salen caros! Gastás plata en criarlos, y no en vacaciones en Tailandia, por ejemplo... El nivel de egoísmo consumista es tan enorme que se ha comido a la gente viva. Horrible.
Gracias a mis hijos, y al total desequilibrio de Argentina, me siento vivo. Y capaz de crear y de criar.  Y si esto no es libertad, ¡¿qué es..?!
  
Pareces un tipo hiperactivo, ¿te preocupan esos momentos en que no estás grabando o craneando un nuevo proyecto?
Esto no me preocupa. Largos periodos de aparente inactividad creativa son muy necesarios. He aprendido a domar mi impaciencia, mi adrenalina.  Me ocupo de mi familia, de mi rutina. Miro, escucho y pienso. Como, duermo. No tenemos TV.
Cuando llega el momento soy un torbellino de actividad. Soy muy 'enfocado'.  Sé por qué hago lo que hago. Confío en mi instinto, en lo que mi cuerpo/corazón/cerebro (¿será esto El Alma?) ha estado masticando y digiriendo desde meses. Ya se está asomando otro periodo de gran actividad.

¿Qué opinas acerca del rock como forma de expresión en la actualidad?
Para mí el rock sigue siendo una gran forma de expresión. Es más directo, fácil y realmente democrático que publicar un libro o hacer una peli. Pero todo está muy contaminado por el dinero y el ego del ser humano, y el rock mismo está sofocado, banalizado, ahogado en un mar de música trash, estereotipada. El rock ya es una séquela de convenciones. Ahora todos actúan de ’rockeros’… ¡Porque no es fácil no hacerlo! La imagen nos ha devorado. Sin embargo, hay que tener ideas y, lo más importante, integridad. Creer en lo que decís, cantás, hacés…

¿Pero te gusta algo del rock argentino actual?

Algo sí. Pero acá el género rock sufre mucho de falta de coraje, imaginación, ‘locura’ (como diría Luca)… En fin, puede ser… Comprendo lo que quería decir Luca. Hay falta de modestia. Yo sé cómo son los ingleses, ellos tienen modestia y garras, admiran a lo bueno y compiten sanamente, pero admiran. Acá no. Todos se piensan top…y casi nunca son nada. Por otro lado, el hecho que haya miles y miles de bandas, chaboncitos dando vuelta con sus bajos y guitarras en fundas por la ciudad, me llena de esperanza, y de alegría. Porque hacen música, se juntan, sueñan, se copan... ¡Pero comparten vida! Eso sí, el 99% de los que cantan, son muy flojos. ¿¿Por qué será??

¿Y cuál es tu opinión del cine argentino? ¿Qué te gusta y que no?
El Cine Argentino es algo tibio. Historias mínimas….justamente, esto es lo que se ve. Sin embargo, he visto varias películas que me han gustado, ojo…. Me gusta el cine de Cohn y Duprat, Sorín, y me gustó muchísimo El Asaltante, una película muy under, y Buena Vida Delivery. De cualquier forma, creo que su fuerza está en los documentales. En este campo me pareció buenísima El Etnógrafo, entre otras. Otra vez, falta una voz segura de su talento, de su mensaje original. Es raro.
 
¿Cuál es tu opinión acerca del presente socio-cultural de la Argentina?
El presente argentino es tan difícil de descifrar en tiempo real como todo presente mundial. Vivimos tan desorientados y confundidos... intentando agarrarnos a ideas y/o actitudes fuertes... que aceptar que todo ya es una locura se hace difícil. Pero las paradojas ya nos golpean como ráfagas de un viento muy insistente. El ruido es enorme. 
De alguna manera el "babble" del idioma inglés, que traducido sería 'insistente palabrerío' nos ha enloquecido. El ruido es Babilonia... o Babble on you!
En Traslasierra, donde vivo, no se escucha tan fuerte... pero hoy nadie puede seguir haciéndose el boludo. Ni los 'globoludos'.

¿Qué pensás acerca de la piratería, y las nuevas formas de ver y consumir música y filmes que tiene la gente a través del uso de internet?

En verdad, los Piratas son otros. Son los que mandan desde años: MGM, EMI, CBS, Paramount, BMG, DOLBY….y lo loco es que muchos de ellos son ex -pendejos hippies que ahora son viejos ‘conservadores’ preocupados de mantener sus cuentas en constante overflow. Qué se vayan a cagar con sus falsos moralismos. Yo creo que un artista es un ser generoso. Tiene que cobrar para el show ‘en vivo’, y puede pedir una forma de limosna dignitosa para el disco que vende… Porque una vez que la canción existe, así como vino (de la nada) vuela libre como pájaro suelto. Ya los tiempos de todos los Rod Stewart y los Jimmy Page con sus aviones privados son historia. No seamos infantiles. Por eso mi nuevo disco será gratis… O casi… Veamos cómo puedo hacer para que haya un mínimo de justicia… (risas) Pero esta es la revolución. ¡Un intercambio gratis de talentos y capacidades!

¿En qué proyectos estás metido ahora?
Romapagana sigue y está más encendida que nunca. Entre una fecha a fin de septiembre en el querido antro del rock que es el Salón Pueyrredón, en Buenos Aires, y un show en Montevideo, a mitad de octubre tenemos el lanzamiento de Vívido,
nuestro primer disco 'live'. Un registro que representa muy bien a la banda, ya que somos animales nocturnos urbanos, y desatamos nuestros diablitos y fantasmas en vivo.
No puedo separar el fluido creativo en segmentos, creo que entre esporádicas pero intensas apariciones de mi banda también he mechado noches de Pájaros, un espectáculo/encuentro con el público, en donde canto y cuento la curiosa historia de la familia Prodan. Es un viaje de unas dos o tres horas que acompaña el público por los laberintos de China, Londres, Roma, Escocia, Túnez... y la mente humana. No es solo sobre Luca -aunque su brillo protagoniza la noche por razones obvias-, porque toda la familia es la que crea el marco del mito.
Además, también estoy dirigiendo una obrita de teatro que se llama IMARCA / El negocio del Diluvio. La disfruto mucho y me permite despuntar el vicio de ser director, por supuesto...
Otra cosa que estuve haciendo es grabar unas 80 canciones muy variadas, con la consigna de que salgan de manera espontánea y sorpresiva hasta para mí. Fatti Spontanei/ Hechos Espontáneos / Sounds Spontaneous es un pendrive lleno de temas, servido adentro de una pequeña obra de un artesano/a que admiro. Lo regalo. Si alguien lo quiere, me puede escribir en mi Facebook o por mail (andrea.prodan@gmail.com) Modestamente, es un proyecto un poco revolucionario, en concepto y formato.

¿Y qué otra cosa te gustaría hacer?
Bueno, creo que soy un sobreviviente muy afortunado, y gracias a Luca, y un poco a mi propia vida, he aprendido a tener fe en mi libertad, y en las grandes ventajas que ésta me ha permitido tener en mi vida, sin dejarme vencer por el miedo. Tratá de hacer lo que te gusta realmente, ¡y la felicidad estará siempre contigo! El 'éxito' para mí es esto... ¡nada más!

Emiliano Acevedo



martes, 6 de septiembre de 2016

ALSINA AL 400...



Una vez me dijeron: “¿Conocés el bar del Suizo?” Y la verdad que nunca lo había escuchado. Sabemos que Buenos Aires es grande. Y también pequeña cuando se trata de códigos urbanos. Así que fui, dejé que la curiosidad actúe. Al llegar a San Telmo y caminar por la calle Alsina, lo primero que vi fue la casa de Luca Prodan. Una puerta de madera con leyendas escritas a mano, algunas decían: "Brilla tu luz para mí"; "Sumo", "Luca Vive". Arriba al costado, un farol que iluminaba hasta las almas. Luego una persiana y otra puerta, pero de vidrio. Era de un local. Ahí resultó ser el bar del suizo. Pasé muchas veces, sin saberlo. Esta vez entré. El olor a humedad era intenso. Tenía presencia. Las paredes dejaban ver los ladrillos descoloridos, pero con fuerza para sostener algunos adornos cubiertos de polvo. Una barra, varias botellas de bebidas, una mesa de pool más mesas de madera con sillas. Y música sonando. Recuerdo que el Suizo hablaba del Pelado, Pipo Cipolatti hasta contó anécdotas de la rubia tarada. Según él, vivía frente a la pensión. Una noche sonó una banda. Se llenó de gente. Y las energías parecían danzar. Ahora ya no están más ni el bar ni el Suizo, pero la puerta de madera tiene más leyendas, más nombres, más amor. Y una escalera de mármol que te invita a subir y descubrir la casa de Luca. Y cerrar los ojos y escuchar las voces que giran en al aire, repitiendo: El gris se convierte en oro, justo cuando el día se estaba poniendo viejo. Brilla esa luz para mí…

Carol Calcagno 


 

sábado, 3 de septiembre de 2016

LOS ESPACIOS AMADOS, entrevista con Edu Zvetelman



Empezó con todo, con el arrebato propio de los niños prodigios. Aún no había terminado su adolescencia y ya estaba tocando los teclados con dos ídolos del rock argentino: primero, en el grupo de Nito Mestre; y luego con el Flaco, Luis Alberto Spinetta, nada menos; en la fabulosa Banda Spinetta de 1978, que inauguró los conciertos en el mítico Estadio Obras. 
Corrían los años de plomo de la Dictadura militar más sangrienta de la historia, y el rock resistía como podía. Allí transitaba sus primeros pasos como músico profesional Edu Zvetelman, el protagonista de esta historia tan particular. Pianista y tecladista, docente, compositor, arreglador, productor, director, sesionista… En su carrera hizo de todo, ya sea escribir música para obras teatrales, bandas sonoras o la musicalización de programas de tv, documentales y publicidades. Ganó premios y prestigio, y hace poco tiempo le llegó la concreción de un sueño añorado que se hizo esperar: la edición de su primer álbum solista, Cosecha Tardía.

Para conocer su historia recorrimos las calles concéntricas y singulares de Parques Chas, a punto de perdernos. Afortunadamente, encontramos su estudio de grabación, en donde iniciamos esta charla que luego devino entrevista. Aquí está, Eduardo Zvetelman, en primera persona.

ENTREVISTA> ¿Cómo te inicias como músico?

Como tenía un piano en casa, desde muy chiquito disfrutaba tocando y sacando canciones de oído. Creo que a los siete u ocho años me pusieron mi primer profesor de música, al que mucha pelota no le daba, porque él me insistía con que estudiara el Clementi, el Diabelli, todos estos libros de enseñanza, o la “Sonatina”; y yo estaba a full con los Beatles. Aunque mi vieja tocaba el piano, y leía muy bien música, yo me resistía a leer música, debido a estos métodos que mi profesor me hacía estudiar, por eso –gracias a que tenía bastante oído-, cuando me pedía que prepare alguna pieza, yo se la daba a mi vieja para que la tocara, así –mirando como ella la interpretaba-, la aprendía de memoria al toque, y luego la tocaba para que la escuchara el profesor.

El viejo truco…
Tal cual. Hasta que un día el tipo se avivó, porque me paró en un determinado momento de mi interpretación –él ya venía sospechando-, y me señaló la partitura, diciéndome: “seguí desde acá”. Y yo empecé para la mierda, haciendo cualquiera… (risas) Bueno, así empecé, sacando canciones, esa fue la mejor forma de aprender armonía, porque tenía mi propio método, en el que vinculaba lo que escuchaba a las sensaciones que me hacía sentir la música, y cuando yo lo tocaba y sentía la misma sensación quería decir que estaba bien lo que había sacado, si no pasaba esto, seguía buscando hasta encontrarlo…

¿Pero seguiste estudiando con profesores de música, no?
Sí, cambiando de profesor, seguí estudiando hasta mi adolescencia. Apenas terminé el secundario –yo estudiaba en el Pellegrini-, mientras seguía tocando en un grupo, comienzo a estudiar Medicina –estuve un año estudiando en la facultad-, y ahí me sale mi primer trabajo como músico profesional, acompañando a una cantante, y vamos a tocar al mismo lugar en donde ensayaban Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, y el pianista de ese grupo –Osvaldo Caló- era profesor mío. Justo ahí, Osvaldo es llamado por Astor Piazzolla para integrarse a su Octeto Electrónico, e irse de gira por Europa. Por supuesto, Osvaldo acepta la propuesta, pero, antes de irse, le recomienda dos nombres a Nito Mestre para que lo reemplacen: uno era Alejandro Lerner y el otro yo. Entonces, empieza Alejandro a tocar con ellos, pero a la semana se fue, y así entré a Los Desconocidos de Siempre. Estuve tocando con ellos 6 meses, más o menos. O sea, que, de la nada, a los 3 meses estaba tocando en el Luna Park con ellos en un concierto compartido junto a León Gieco…
 

¿Y por qué te vas del grupo?
Creo que había un tema relativo a la formación, imagínate que era 1977, y, mientras ellos estaban metidos en el rock, yo venía desde otro lugar: egresado del Pellegrini, con un criterio universitario, y con mucha conciencia política de lo que pasaba en ese momento. Además, era muy chico y un bicho raro para ese medio, no tenía demasiado rock encima aun. Creo que tuvo que ver con eso, por algo después entró en mi lugar Ciro Fogliatta, un pionero del rock de acá, un tipo que sí era del palo… Bueno, luego seguí con mi grupo, y a los pocos meses me llamó Spinetta para tocar con él.

  

¿Así, como si nada?
No sé cómo fue que me llamó, pero fue muy gracioso, porque justo yo estaba con uno de los músicos de mi grupo, trabajando en mi casa, tocando el piano, preparando arreglos… Yo aún vivía con mi vieja, y ella viene a mi cuarto a avisarme que me llamaban por teléfono, y cuando le pregunto “¿Quién?” Ella, como si nada, me dice: “Luis Alberto Spinetta” (risas) Yo no sé si ella sabía muy bien quien era… Ahí le digo: “Mamá, no jodas…” Obvio, yo no entendía nada. Luego nos encontramos con Luis y ahí me ofrece formar parte de la banda que estaba armando. Así me convertí en una especie de ladero de él, ayudándolo a terminar los temas, con lo que tenía que ver con las armonías y demás. Además, (esta forma de trabajo) a mí me venía bárbaro porque necesitaba ensayar un montón más que el resto de los músicos de la banda, que eran muchos más experimentados que yo, tené en cuenta que en ese grupo también estaban Machi Rufino (bajo), Luis Cerávolo (batería), y Bernardo Baraj (saxo). Era la época del jazz rock, en donde había que tocar difícil, rápido y complicado… Con esa formación estuvimos tocando un año, y luego hicimos unos demos para Luis, porque él tenía una propuesta para ir a grabar a EEUU…

El disco norteamericano producido por Guillermo Vilas…
Sí, me acuerdo que Vilas venía a los ensayos, y todo. En principio, íbamos a ir nosotros con Luis a grabar allá, pero finalmente él fue sólo y grabó con músicos norteamericanos. Si bien Luis tenía la idea de hacer un disco al estilo argentino, una vez allá, le impusieron el estilo norteamericano de producción, y cuando volvió, disolvió la banda. Tocando con Luis, conocí a Emilio Del Guercio; un tipo que me cayó muy bien de entrada. Él siempre nos venía a ver tocar, y demás. Entonces, al año siguiente que dejé de tocar con Luis, Emilio me llamó para que forme parte de su grupo: La Eléctrica Rioplatense. En ese grupo estuve tocando bastante tiempo, en varios lugares, entre ellos el Festival de Jazz del ´80, y finalmente participé de la grabación de su disco solista Pintada (1983), en donde hice los arreglos junto al guitarrista Luis Borda. Luego, empecé a dejar de tocar con él, porque comencé a meterme en distintos proyectos, pero aun Emilio sigue siendo uno de mis mejores amigos.

¿Cómo siguió tu formación musical?

Estudié solo y aprendí mucho trabajando, porque después de mi paso por la banda de Spinetta, entré en una vorágine laboral, tocando en hasta seis grupos al mismo tiempo, haciendo distintos tipos de música, daba clases, acompañaba (con el piano) clases de expresión corporal y de danza; y después de unos cuantos años empecé a hacer música para publicidades. En algún momento me agoté de tocar en vivo y dije basta. No quise tocar más para otros, había decidido volver a tocar en vivo sólo cuando tocara mi propia música. Había pasado seis años metido en un ritmo infernal, durmiendo cuatro horas por día, porque me la pasaba laburando como un animal, haciendo arreglos, dirigiendo, tocando, enseñando…
 

¿Qué te pareció meterte a hacer música para publicidades?
Me interesó mucho, porque ahí no sólo componía, sino que también me tenía que ocupar de todo un trabajo integral, ya que al mismo tiempo componía, arreglaba, producía… Trabajaba en el estudio, que era algo mucho más calmo que lo que había vivido antes, cuando había estado yirando de un lado para el otro, tocando en vivo en un montón de lados; y además, por ahí, con un laburo en publicidad ganaba más plata que lo que había hecho todo un mes rompiéndome el orto, tocando en vivo… Me dediqué muchos años a eso.

¿A partir de que época empezás?
Creo que a partir del 86, 87. Hice de todo: publicidades –para las marcas más importantes-, institucionales, cortinas de programas de TV. En algún momento también hice música para cine, teatro; fui volcándome más a lo que tenía que ver con la composición y producción.

¿Cómo se te ocurrió hacer trabajos de música publicitaria?

Por un alumno mío que trabajaba como director creativo de una agencia. Como yo ya tenía las pelotas al plato, con todo lo que tenía que trabajar, un día le pregunté cómo era el tema de las publicidades, y así empecé en ese mundo, que es muy especial, muy interesante por un lado, y superficial por el otro; un lugar en el que te podés encontrar con gente muy brillante y también con tipos muy mediocres y soberbios, que se creen que por escribir dos frases ingeniosas ya son Borges…
 

¿Y cómo es la dinámica de trabajo para realizar música para publicidades?
Con el correr de los años fue cambiando. Cambió mucho el manejo interno de las agencias de publicidad, su organización y forma de trabajo. Cuando yo empecé en esto, la música tenía un lugar muy importante, ya que, primero, se hacían muchos más jingles que ahora –y todo tenía música-, pero, además, te pedían que compusieras música de antemano, para venderle la idea al cliente. Entonces, ellos tenían tres o cuatro ideas posibles –campañas o ideas para comerciales-, luego, se dibujaban los storyboards, te pedían la música, y así, iban a vender la idea. Entonces, uno empezaba a trabajar desde la génesis misma del proyecto, había mucha conjunción del laburo, te llamaban a las reuniones de pre producción, se intercambiaban ideas… Con el tiempo empezó a desvirtuarse un poco eso, porque empezó a ponerse discos (en los spots) –algo que, por ley, antes estaba prohibido-, ya que en los 90 –como sabemos- se “liberalizo” y desregularizó todo, y así, luego de tirar a la mierda todas las leyes de producción, lo que antes no se podía hacer pasó a estar permitido… Con eso se hizo mierda –como pasó en otros ámbitos laborales, durante esa época- la industria de la producción de comerciales, porque a las empresas le comenzó a salir más barato traer un comercial extranjero, al que simplemente le cambiaban la locución, doblándolo al castellano; y acá se dejaba de filmar, se dejaba de hacer música, de locutor, de actuar los actores, de dar laburo a los modelos… Por eso, esta nueva situación, la famosa globalización –sumado luego al advenimiento de Internet, y la posibilidad de bajar cortinas musicales de cualquier lado-, fue cambiando los paradigmas de laburo; tanto es así que, si hoy me llamaran para hacer un trabajo en publicidad, difícilmente habrá una reunión, ya que seguro me enviarían un mail con el guión –o la película ya filmada-, o alguna referencia musical, y me van a decir: “Quiero algo parecido a esto…” Ya en esa época era muy común –y sigue siendo- que, como es muy cara la utilización de una canción original, te pidieran que hicieras algo “al estilo de…”. Fue mutando, se volvió algo más impersonal, con menos trabajo de equipo, pero buscando lograr un trabajo eficiente, con una respuesta rápida… Sin embargo, eso de que te pidan hacer cosas “al estilo de…” me ha resultado fantástico como dinámica de trabajo porque así he aprendido a hacer de todo, cualquier música. Parece una pedantería, dicho así, pero mi trabajo me obligó y enseñó a poder encarar cualquier producción y llevarla adelante. Ojo, no estoy hablando de que hago genialidades, si no de que puedo escribir para orquesta, hacer rock n´roll, folklore, temas étnicos –o de world music-… Cada música que te piden es un desafío re interesante para ver “cómo se hace esto”, y hacerlo.

Aparte, tenés que redondear una idea en pocos segundos…

En pocos segundos, y además aprender a producir en muy poco tiempo porque, hoy mismo, me pasa que te pueden llamar un día a las cuatro de la tarde pidiéndote que tengas lista una música para las ocho de la noche, y a esa hora les tengo que mandar una composición original, grabada, producida, y que suene bien como para salir al aire. Está bárbara esa dinámica, aunque, por momentos, sea un trabajo de mucha presión.
 

¿Cómo fue tu trabajo para los canales?
Hice cosas institucionales, en alguna época, por ejemplo, en Telefé, cuando estaban las bolitas, que eran como dibujitos animados haciendo distintas cosas y situaciones. Bueno, yo hacía la música para esos separadores. Hice una música que terminó siendo muy popular, como cortina para el programa La Movida del Verano, que conducía Juan Alberto Mateyko, que estuvo seis, siete años en el aire. En fin, de todo. Al mismo tiempo, en esa época, también trabajaba haciendo música de teatro para el San Martín, con criterios casi opuestos a los que desarrollaba en la TV.

¿Nunca te ofrecieron tocar en vivo en un programa, como, por ejemplo, la banda estable que tuvieron Roberto Pettinato o Nicolás Repetto?
Sí, hace mucho me ofrecieron ser el pianista de un muy famoso programa de TV conducido por una señora rubia…

¿La diva de los teléfonos?

Sí… (risas) Me lo ofrecieron dos años seguidos, pero me negué.

Claro, vos trabajabas para el mismo canal…

Sí, yo trabajaba ahí, pero no me interesaba hacer algo diferente a lo que venía haciendo. Igual, no quiero que parezca que yo hago una especie de valoración, diciendo que un tipo de trabajo es más importante que otro, simplemente, que haber trabajado ahí no era para mí. Yo he rechazado algunos trabajos porque sentía que no me interesaban demasiado, además no quería exponerme…

Aparte, ese programa significaba una exposición diaria…

Tal cual, una cosa diaria, de mucha exposición, y una exposición que a mí no me aportaba nada. No me interesa la exposición por la exposición misma, no tengo ansias de divo, eso no es importante; yo soy músico y compositor, y lo importante es lo que pueda hacer o no. Obviamente, que el tipo de laburo que hago requiere hacerse público en algún momento, pero eso es parte del trabajo y no puede ser el objetivo del trabajo.
 

¿Cómo, luego, te decidiste a mostrar en vivo  tu propio proyecto musical?
Bueno, durante 20 años –mientras me dediqué a hacer mi trabajo para publicidades-, me había agarrado una locura, y no quise tocar más en vivo, así, no toqué con nadie, ni para nadie, salvo por un par de oportunidades en las que toqué con Emilio, hace un par de años, por ejemplo, en un homenaje a Eduardo Rogati, un guitarrista que había tocado con nosotros. Esto fue así, hasta que un día me decidí y volví a tocar en vivo para mostrar mi música.

 

¿Cómo se te ocurrió?
La excusa era otra, había pasado mucho tiempo, además de tener muchas deudas pendientes con eso, tenía ganas de hacer un disco con mi música, volver a armar mi grupo y salir a tocar. Es muy heterogénea mi música, y me gusta que sea así. Los recitales que hice fueron, equilibradamente, intercalando música instrumental con temas cantados. En lo instrumental hay muchas cosas que hice para cine, o teatro, que luego les hice una reversión para poder tocarlas en vivo, las canciones no eran conocidas, obviamente, porque aún no habían sido grabadas…

¿Vos haces las letras?

Sí, son mías…
 

¿Y cómo estaba formado tu grupo?
La formación instrumental era bajo, batería, guitarra y violín; y yo en el piano y cantando. Puede variar alguna cosa, pero esa es la formación que utilizo. Tocamos mucho en bares, boliches, hemos tocado en Notorius, La Vaca Profana, y en uno que cerró que se llamaba La Revuelta.

¿Y la gente que te  a iba a ver seguro te preguntaba cuando editabas tu disco, no?

Sí, y no tenía respuestas para darles… Yo soy muy desastre con eso. A veces me ha pasado en mi vida profesional, que me es muy difícil compatibilizar el deseo artístico con la necesidad de laburar para comer, y para las responsabilidades que uno tiene: hijos, casa, etc. Por eso, tanto el deseo como las responsabilidades, a veces, se llevan a las trompadas, uno con el otro. Por ahí, si en algún momento me hubiese decidido a hacer un camino distinto, mi sustento lo hubiese podido lograr con mi música, con una propuesta más artística, pero se ve que no lo supe hacer, o no me animé, y por eso me dediqué a un aspecto más profesional de la música, ya sea haciendo de sesionista o componiendo música para otros, en cine, teatro o publicidad. Entonces, se van generando dos caminos que no siempre son paralelos, ya que a veces se abren, se bifurcan… Por eso te decía antes que me siento en deuda, ya que la parte de la música que más me gusta, si trabajo, se me empieza a alejar… A mí, también me pasó, que, antes de empezar a realizar música publicitaria, tuve un par de reuniones con gente de la industria discográfica, y éstos, en un par de oportunidades –primero siendo pendejo y luego cuando era más grande-, me ofrecieron hacerme grabar como solista (yo tenía grupos en ese momento). Y, con el tiempo, recién me di cuenta de lo que querían que yo sea, pero en aquel momento yo estaba muy aferrado a mi ideales musicales, y por eso les dije que no, porque me proponían –en especial, la segunda vez- en hacer música al estilo de fulano, o de grupos que estaban de moda en los 80; pero me negué porque, para hacer jingles, o música comercial, me dedicaba a la publicidad, en donde no tengo que poner la cara, no le miento a nadie, y no estoy engañándome. Así que, por fin, me llegó la hora de poder plasmar lo que creo que tiene que ser mi música. No me interesa si este material vende 50 discos, 18, o lo que sea; porque tampoco voy a salir a hacer un producto pre digitado, que no me representa. Así que no estoy disconforme con lo que he hecho, por más que no tenga 10 discos editados –como podría tenerlos-, porque aún estoy en camino, y tengo mucho por hacer…
 

¿Paralelamente a la grabación de tu disco, qué otros proyectos estuviste haciendo?
Estuve, afortunadamente, haciendo cosas muy diversas y enriquecedoras. Hasta 2013, trabajando bastante, componiendo y produciendo música para institucionales y videos para Presidencia de la Nación, el Anses y otras instituciones y campañas políticas.
En 2012, hice los arreglos y la dirección musical del disco Cancionero Malvinas, con la producción ejecutiva de la Universidad Nacional de Lanús y la producción artística de Emilio del Guercio, en el que participaron importantísimos artistas de diversos géneros musicales. Una experiencia muy buena y de enorme aprendizaje.
Luego de eso, empecé a abocarme a la pre producción de mi primer disco solista, Cosecha Tardía, que, finalmente, grabé a lo largo de 2014 y salió a la venta a principios de 2015.
Asimismo, estuve trabajando componiendo y produciendo para diferentes obras de teatro: Piel de Judas (protagonizada por Susana Giménez) y El Quilombero (ambas dirigidas por Arturo Puig y producidas por Gustavo Yankelevich), dentro de lo que podría denominarse teatro comercial y para una obra de Danza Teatro, Las Bernardas, dirigida por Teresa Duggan.

¿Estás grabando material nuevo en la actualidad?
Estoy pensando en la producción de un nuevo disco solista, pero no grabándolo aún. Supongo que hasta el año próximo no podré encarar ese proyecto.

¿De qué se va a tratar este nuevo material?
Lo tengo pensado como un disco casi exclusivamente instrumental, en lo posible orquestal, donde volcar muchas de mis obras compuestas para cine y teatro.

¿Va a ser un disco de canciones independientes entre sí o conceptual?
Tiendo a pensar que, así como Cosecha Tardía, si bien puede tratarse de obras diferentes y hasta con un criterio bastante ecléctico, lo conceptual aparece, si o si, cuando el alma y el deseo que las motoriza, son una misma cosa y tienen la misma persona como origen.

¿Seguís tocando en vivo?
Estuvimos haciendo, con mi grupo, algunas presentaciones en Boris, Notorious y Mediterránea.

¿Qué opinas de la actualidad del rock argentino?
No creo tener la información suficiente para emitir una opinión certera.
Sin embargo, el movimiento contra cultural que fue el llamado Rock o Música Progresiva de los 70, tuvo el mismo final que todos los intentos contraculturales, es decir, finalmente fueron cooptados por el mercado y poco y nada es lo que quedó de las intenciones e ideologías que los crearon.
Tengo la sensación de que se ha ido vaciando de contenido y de calidad, manteniendo ciertas apariencias y conductas que "parecieran" asemejarse a los orígenes pero, me temo, son más cosméticas que de fondo. Todo, finalmente, responde a intereses comerciales y, mientras venda, poco importa si es bueno o malo, genuino o inventado en un escritorio, y si tiene algo que ver con el rock nacional original o absolutamente nada.

¿Dentro de este presente del rock qué artistas encontrás interesantes?
Me están resultando muy interesantes artistas que no se encuentran dentro de lo que ahora llaman rock.
Algunos fusionan distintos estilos de manera maravillosa, como Aca Seca Trio, Puente Celeste. Me siguen gustando mucho compositores como Fandermole, el Negro Aguirre o intérpretes excepcionales como Nahuel Pennisi, por citar sólo algunos.

¿Qué sentiste con respecto a la muerte de Spinetta? ¿Pensás que en vida se reconoció su figura en su justa medida o recién ahora se alcanza a comprender su trascendencia?
En principio, obviamente, sentí mucha tristeza. Asimismo, me siento agradecido por haber tenido la oportunidad de haber compartido con él una riquísima etapa en los comienzos de mi carrera, donde todo era aprendizaje y asombro.
Creo también, que han proliferado Spinettólogos desde abajo de las piedras luego de su muerte y, penosamente, hay muchos músicos que se disputan el cetro de herederos o viudos de él y su obra. Esto me resulta verdaderamente patético.
Su obra está muy por encima de cualquier miseria humana que pretenda sacar provecho de ella.

Una pregunta que le hacemos a todos nuestros entrevistados: ¿Qué tema de otro artista te hubiese gustado componer a vos?
Uh...Montones. Desde “Rapsodia en Blue”, de Gershwin; la “Serenata para vientos”, de Mozart; “First Circle”, de Pat Metheny; “La felicidad”, de Pablo Milanés; “Brindis por Pierrot”, de Jaime Roos; “Canción del remanso”, de Fandermole... y podría seguir con la lista... Por suerte hay tantos artistas talentosos que nos regalan su arte y lo van renovando...

¿Qué música estás escuchando ahora? ¿Qué artistas de los que estás escuchando recomendás a nuestros lectores?
Escucho un poco de todo. Me llama mucho la atención Jacob Collier, tiene un talento avasallante y deslumbrante, como así también Snarky Puppy, un grupo que toca impresionantemente bien y se abre a compartir proyectos con diversos artistas.

Para terminar, Edu, contanos tus proyectos a futuro…
Además del proyecto futuro de mi disco, estoy gestionando la posibilidad de hacer alguna presentación con orquesta.
Y, en estos precisos momentos, estoy comenzando a trabajar en los arreglos orquestales de un musical que se estrenará en Buenos Aires en Marzo de 2017.

Emiliano Acevedo