domingo, 26 de septiembre de 2021

ANÉCDOTAS CON PETER DEANTONI...

Siempre es un placer dialogar con Peter Deantoni, protagonista y testigo de mil historias en la ruta del rock. Peter es un apasionado, que no se cansa de narrar las anécdotas de su increíble vida aunque tenga que afrontar una entrevista tras otra. Tal vez sea porque trabajó con Los Abuelos de la Nada, Nito Mestre, Johnny Rivers, Frank Sinatra, Joe Cocker, Serrat, The Police, B.B. King y Pappo, entre muchísimos etcéteras. Productor y manager legendario, en la figura de Deantoni se une la soltura y la garra de esos tipos de barrio, hijo de tanos, que sigue adelante, levantándose una y otra vez, a pesar de los obstáculos de la vida.

Hace un par de años escribió un libro legendario para dar cuenta de sus andanzas junto al Carpo (Pappo Made in USA, en la ruta del delirio) y ahora está preparando un anecdotario que ya estamos ansiosos por leer.

ENTREVISTA> ¿Cómo es este nuevo libro que estás haciendo?

Estoy con un escritor bastante conocido llamado Agustín Soria, estamos escribiendo un segundo libro que se va a llamar De la A a la Z con Peter Deantoni. Entonces arranco con Almendra, que fue una de las primeras bandas a las que vi y con las que trabajé en vivo y termino con ZZ Top, a quienes también conozco y de los que soy amigote. Bueno, por ejemplo, en la V está Virus, con quienes tengo muchas anécdotas. Y es que tengo anécdotas con casi todas las letras del abecedario. Hasta con la Y, con Atahualpa Yupanqui…

¿Con Atahualpa, también?

Sí, hice una gira con él en Francia, fuimos por cuatro días. Fue una experiencia muy enriquecedora. Atahualpa fue a tocar, hicimos un concierto y nos volvimos. Lo interesante es que quién recomendó. Yo trabajaba como chofer y manager de ruta de Mercedes Sosa, cuando estaba acá en Buenos Aires, porque ella no tomaba aviones de cabotaje. Viajábamos con su Peugeot importado de alta gama a todos lados, de hecho fuimos hasta Ushuaia en su auto. Así que, Mercedes fue la que le dijo a Atahualpa: “Llévese a mi amigo Don Peter…” Y me fui con él porque el viejo no tenía manager. Así que hice todo el trabajo de ruta que había que hacer con un artista. Fue la única vez que lo vi y laburé con él, después no lo vi más…

¿Cómo te contactás con Soria?

Agustín hizo un libro muy interesante sobre Keith Richards, que se llama Keef and Winos. Él me había llamado porque quería preguntarme algo sobre Cerati, así que lo cité en una cafetería, y le llevé mi primer libro de regalo y él me trajo el suyo. Agustín quería preguntarme sobre Gustavo porque sabía que yo había hecho la primera gira solista de él, cuando presentó el disco Bocanada, entonces le conté como fue todo eso. Luego leí el libro del pibe y me volví loco porque estaba redactando y documentando todo, minuto a minuto. Entonces me di cuenta que Agustín sabía hacer lo que yo no sé porque no tengo una memoria de ese estilo… Nos juntamos y le metimos para adelante… Cuando empezó a mandarme material de todas las bandas y anécdotas de las que íbamos hablando me di cuenta de que el pibe era un genio. Estoy muy entretenido con este proyecto nuevo. El libro ya está casi terminado, solamente tendríamos que agregar algunos datos más que nos pidió Leandro Donoso, el editor de Gourmet Musical, y saldría a mediados de 2022. Por otro lado, con mi amigo Andrés [Calamaro] tenemos pendiente hacer un proyecto juntos, un video libro, que se va a llamar Dos Abuelos. Va a ser una especie de charla entre él y yo en la que vamos a contar nuestro paso por Abuelos de la Nada, que es un grupo que, con el paso del tiempo, se ha transformado en una banda de culto para muchos jóvenes que quieren conocer un poco más de su historia. Una banda que sonaba de puta madre… Yo escucho el rock argentino y me encanta como suena. También sé cómo se hizo cuando en otros países, en Europa o en Estados Unidos, nos llevaban años luz con la tecnología. Escuchá a grupos como Color Humano, que hoy siguen sonando geniales. O mismo Kubero Díaz con La Cofradía de la Flor Solar. Realmente, hay unos grupos increíbles. Más allá de los íconos: Manal, Almendra y Vox Dei. Esos ni hablar. Vox Dei era una aplanadora de rock, y [Ricardo] Soulé, para mí gusto, es uno de los mejores cantantes argentinos junto con Lebón…

Tu presencia estuvo de entrada en la movida, por ejemplo aparecés en la película Rock hasta que se ponga el sol. ¿Cómo filmaron eso?

En B.A.Rock, yo estaba laburando con Color Humano, y aparece la mamá de mis hijos, Haydee Graneros, que es la mina de pelo muy largo, junto a Jorge Luis Iosovich, que fue uno de los primeros en llegar a habitar en El Bolsón. Para los testimonios, nos llamó el director de la película Aníbal Uset. Lo que pasa es que no contaron con nuestra astucia. (risas) Nosotros dijimos lo que quisimos, no nos dieron guion ni nada. Esas declaraciones se filmaron después del show. Inclusive, a mi amigo Salvador Bruno, que aparece en la apertura de la película, lo volvieron a citar para filmarlo como que fue el primero en entrar al B.A.Rock, y de ninguna manera lo fue. (risas) Esas filmaciones se hicieron otros días. Inclusive, en el segmento de Vox Dei hay una escena en la que Ricardo está con barba y otra en la que no. La película tiene errores de continuidad.

Hablando de Vox Dei, vos también trabajaste con ellos, debió ser bastante difícil de llevar adelante las relaciones personales entre ellos, ¿no?

Y sí, porque estaban muy peleados. De hecho, produje su disco Gata de Noche, que es un álbum que suena fantástico, y después de eso nos íbamos de PolyGram porque se vencía el contrato para ir a un nuevo sello que se llamaba ATC Discos. Ellos ya habían editado a Sandro y el nuevo lanzamiento íbamos a ser nosotros. Sabemos que Vox Dei fue siempre el nexo entre lo popular y lo rockero. En ese momento, Ricardo había preparado una obra basada en el Cid Campeador y estábamos reunidos en las viejas oficinas de Daniel [Grinbank], en la calle Rodríguez Peña y Santa Fe. Mi amiga Olga Gatti, que era la manager de Mercedes Sosa y hacía las veces de secretaria y coordinadora de la oficina, le preguntó a Ricardo cómo iban a registrar la obra para llevarla a SADAIC. Y Ricardo le respondió: “Letra y música: Ricardo Soulé”. Y Willy [Quiroga], que estaba atrás, dijo: “¿Pero, qué decís?” A lo que Ricardo contentó: “La obra es mía. Vos tocaste las líneas de bajo pero eso no te hace nada más que el bajista. La obra terminada la traje yo”. A lo que Willy le respondió con una puteada… Así comenzó una discusión y, en un momento, Willy levantó una silla y se la revoleó por la cabeza a Ricardo, que justo se agachó. La silla rompió los vidrios y cayó sobre la calle Santa Fe…. Esa fue la última vez que hicimos algo juntos. Después de ver eso no quise seguir… Yo tengo una amistad muy grande con ambos pero ellos dos están peleados a muerte.

Antes hablabas de tu experiencia en como manager de los Abuelos de la Nada, ¿es cierto que te agarraste a trompadas en un micro con Miguel Abuelo?

Sí. Miguel era perro en el horóscopo chino y como tal ladraba todo el día. Tenía tanto de genio como de demonio. Y una vez, tipo siete de la mañana, cruzando el puente de Avellaneda, de provincia a Capital, me empezó a romper las pelotas con que le dé plata. Yo liquidaba los lunes porque eran ocho monos para liquidar y había que hacer todas las cuentas. Así que le dije: “Miguel, me firmaste un recibo hace una hora, te di mil pesos, no rompás las pelotas…”. Y me empezó a decir que yo era un esclavo de Grinbank y no sé qué mierda. Así que, me levanté y le metí un par de piñas. Me tuvo que venir a parar Cachorro López. Le dejé los ojos negros porque las dos piñas se las pegué en la cara. Y Miguel al lado mío era chiquito… Para colmo, al otro día tenían que aparecer en un programa de televisión y se tuvo que poner unos anteojos negros gigantes. Y estando ahí en el canal, se me acercó, y yo pensé, “otra vez… no, que quiere ahora”. Cachorro vino enseguida para separar por si había quilombo. Pero se sacó los anteojos y me dijo: “Me gusta tu estilo, estás contratado…”. (risas)

¿Y en lo personal cómo venís en la actualidad?

Bárbaro. No me arrepiento de nada de lo que atravesé, ni de beber en exceso. Soy un recuperado, ex alcohólico. Me metí en una comunidad terapéutica y, la verdad que era lo mejor que podía hacer porque estaba sumergido en una botella. No soy de esos que te van a decir “no te tomes un vino”, el tema es que yo tomaba vodka de la mañana a la noche. Y no hay manera de salir ileso de ahí. Ahora me siento mucho mejor. Pesaba 132 kilos cuando empecé a ir a la comunidad, todos de alcohol, y salí con 87.

También estás haciendo radio, ¿cómo es tu programa?

El programa se llama Caballos Salvajes. Siempre tenemos algún invitado por programa. Va en vivo los viernes, de 18 a 20, y se repite los domingos de 17 a 19. Está en www.csvradio.com.ar. Se puede ver o escuchar.

¿Te gusta algo del rock actual?

De lo que vi, hay muy poco que me guste. Soy muy clásico para los gustos entonces si voy a ver a alguien tiene que ser algo que me mueva. Voy mucho a ver a tocar a Richard Coleman, que aparte de ser un amigo me encanta lo que hace. También, a Nito Mestre. Me gusta mucho David Lebón, que es amigo y hasta vivió en mi casa cuando yo vivía en San Isidro. Soy muy clásico, no escucho muchas bandas nuevas.

¿Y cuándo te volviste tan fan de los Stones?

Desde chiquito porque los descubrí casi al mismo tiempo que salieron. Mi viejos laburaban en una casa en las Barrancas de San isidro y la hija de la dueña de la casa trabajaba en British Airwave. Ella me traía discos, y me trajo de los Beatles y de los Stones al mismo tiempo. A mí me pareció más fácil tocar la batería como Charlie Watts. Quería ser baterista por él. A través de los Stones empecé a descubrir música porque ellos siempre hablaban de sus influencias. Así, descubrí a todos los bluseros negros. Luego tuve la suerte de laburar con ellos: BB King, Albert King, Albert Collins, Freddie King… Puedo decir que tuve ese privilegio en mi vida. No lo digo desde la pedantería sino desde la buena suerte que tuve gustándome, como me gusta, la música. No concibo la vida sin ella.

Emiliano Acevedo



domingo, 29 de agosto de 2021

LA CAMPANA DE LA DIVISIÓN: ESCRIBIR SOBRE LAS RUINAS DEL ROCK ARGENTINO

El ambiente del rock argentino tras la crisis del 2001 y la tragedia de Cromañon, sin dudas, ha sufrido cambios paradigmáticos que van desde las formas de su producción hasta las maneras de su consumo.

Con un pie en la investigación y otro en el análisis, el sello Clara Beter Ediciones editó La Campana de la División. Escribir sobre las ruinas del rock argentino, un libro que mediante cinco ensayos ofrece un estudio sobre estos últimos 20 años a través las categorías  “sensualidad”, “urbanidad”, “onirismo”, “valvularidad” y “trovadurismo”. El volumen fue compilado por el licenciado y profesor en Letras Emiliano Scaricaciottoli, quién además forma parte del Seminario Permanente de Estudios sobre Rock Argentino Contemporáneo (SPERAC), un espacio nacido hacia fines de 2018 como una respuesta para pensar las apuestas, contradicciones y dilemas que plantea el rock argentino a partir de la crisis de 2001.

Para hablar sobre este libro entrevistamos a Daniel Gaguine, autor de uno de los ensayos que lo integran.

ENTREVISTA> ¿La idea del libro de dónde sale?

Emiliano Scaricaciottoli, que es el compilador, había hecho un libro que se llama Las Letras del Rock Argentino, que llegaba hasta el 2000. Y yo venía escribiendo junto a Miguel Ángel Dente dos libros acerca de los lados A y B del rock nacional, que justamente también terminan en 2001. Entonces Emiliano me llamó y me incorporó a su grupo de investigación. Nosotros seriamos la pata periodística del grupo, porque todo el resto es de Filosofía y Letras. Una vez que estuve adentro del proyecto tomamos desde el 2001 para adelante como una idea de continuación de los trabajos que veníamos teniendo los dos. Después de 2001 por supuesto viene el 2004 con Cromañón, que es un quiebre fundamental para el rock. Como que se acaba el hecho de ir a ver bandas. Además no habia libros del 2001 para acá que no sean una recopilatorio de datos, meras cronologías. Porque no se le había estado dando mucha bola a lo que pasó del 2001 para adelante.

¿Tus antecedentes cuáles son? ¿Cómo llegás al periodismo?

Vengo de Comunicación Social (UBA), siempre me gustó el periodismo, me gustó leer. Mi primer programa de radio fue en 1993 en una radio en Caballito y después me fui a La Tribu. Ahí empezamos pasando música con unos compañeros. Me gusta investigar, yo soy hijo de la radio de los ochenta y noventa. Empecé con el periodismo haciendo programas de radio, luego incursioné en gráfica, en diarios pequeños. Después estuve trabajando seis años en un diario porteño: Noticias Urbanas, en la parte de cultura. Y ahí fue donde empecé a cubrir festivales como el BAFICI, el FIBA, recitales, reportajes. En ese momento tenía que meter tres o cuatro críticas de teatro por semana y una nota a un personaje relevante. Después empecé a hacer libros.

¿Cuál es tu aporte en La Campana de la División?

Me encargué del capítulo dedicado a los cantautores / trovadores / compositores, que si bien no es todo lo mismo, se los puede amalgamar en algún punto.

¿Y ahí está la figura de Lisandro Aristimuño como símbolo o hay más?

Aristimuño es la figura central. Porque tiene muy buena prensa, indudablemente es un muy buen músico, tiene mucho prestigio dentro de sus colegas. Es una persona de la que incluso se ha dicho que podía ser “un nuevo Spinetta” y le tiraron un iceberg por la cabeza… Mucha responsabilidad sin dudas.

¿Cómo son los demás capítulos del libro?

El primer capítulo fue escrito por Carla Daniela Benisz y está centrado en la figura de Sara Hebe, y cruza los temas sensualidad y la mujer, haciendo un recorrido a partir de “Me gusta ese tajo” de Pescado Rabioso, llevándolo por distintas letras del rock nacional, incluyendo el funk de Willy Crook y el material de los Kuryakis. El segundo texto es el de Daniel Talio, que trata sobre El Kuelgue y la urbanidad, retomando a Manal, a Miguel Mateos, a Soda con “La ciudad de la furia”, para ahí sí meterse en lo que sería la urbanidad del siglo XXI que hace Julián Kartun con su banda, El Kuelgue. El tercer texto es el de Emiliano Scaricaciottoli, que toma el onirismo en un texto que vincula al ensayo con la novela al mismo tiempo en un recorrido muy rico. El siguiente texto es el de Nancy Romina Gregof, que toma el tema valvularidad y el rock, un recorrido que retoma la figura de Divididos a partir de lo que hizo luego del año 2002, luego vinculado con Eruca Sativa, Pez y La Naranja. 

¿Cuánto tiempo les llevó hacer el libro?

Lo empezamos a principios de 2019. Estuvimos trabajando a través de 2019, con la pandemia se retrasó todo y por eso lo terminamos a fines de 2020.

¿El título del libro de dónde viene?

Es por el disco The Division Bell, de Pink Floyd. Lo eligió Emiliano Scaricaciottoli. Capaz que tiene que ver un poco con alguna “campana de la división”, hacer sonar esa división que estamos trazando del 2001 para adelante, una caja de resonancia divisoria entre lo que fue y será. En la actualidad han cambiado los usos y costumbres, la forma de acceder a la información… Es otra cosa totalmente diferente.

Emiliano Acevedo


 

lunes, 17 de mayo de 2021

VÍCTIMAS DE NUESTRO AMOR, entrevista a Lolo Fuentes



Siempre es un placer dialogar con Lolo Fuentes, un excelso buscador de melodías y canciones. En esta nota empezamos hablando de los caminos de la bohemia y hasta donde nos llevan. Música, cultura y filosofía, experiencias vitales, guitarrazos, influencias y reflexiones varias que van discurriendo por los senderos múltiples que fueron dando forma a esta entrevista que ahora les ofrecemos. Esperamos que ustedes la disfruten leyéndola tanto como fue para nosotros hacerla. Lolo en primera persona…

ENTREVISTA> ¿Qué significa la bohemia para vos y qué sentido adquiere al momento de componer?

La bohemia para mí es Moris, Pajarito Zaguri, Pipo Lernoud, Luca Prodan, Andrés Calamaro, Alfonsina Storni, Julio Cortázar, Ernesto Sabato, Borges, Picasso, Artaud, Spinetta, Gustavo Cerati, Miguel Ángel… La bohemia es una palabra mayor, es historia, son personas, son momentos, es una fuente eterna de inspiración al momento de componer.

¿Ocupa la literatura un lugar importante en tu proceso creativo? ¿Qué géneros y autores te inspiran?

Leí mucho de niño y de adolescente, también de adulto, pero no tanto como en otras épocas. Ocupa un lugar de eterna inspiración, en la respuesta anterior te nombré varios, te podría sumar a García Márquez, Paul Auster, Michel Houellebecq, Verlaine, todos los poetas malditos, Salinger, y muchísimos más.

¿Quién tiene "Luna en Capricornio"?

Supongo que mucha gente. Yo tengo Luna en Escorpio.

Recuerdo, hace unos años, hablar con Roy García II [autor del arte de tapa de Fuerza Natural, el disco de Gustavo Cerati] y me comentaba que, en el proceso de creación de este diseño tan simbólico, Gustavo estaba muy metido con el tema de la alquimia y el hermetismo. ¿Cuál es tu visión acerca del mundo espiritual y que interpretás por magia?

Mi visión acerca del mundo espiritual es vital, casi tan necesaria como respirar. Para mí, a una persona sin vida espiritual, le falta una parte de su vida. Interpreto por magia cosas, actos pequeños, demostraciones de la vida que me suceden y les doy el valor de magia. Hay magia por todos lados, la cuestión es saber ver esos momentos como tal. Me interesa mucho el chamanismo, los pueblos originarios, sus ceremonias chamánicas, la mística de la ayahuasca, el Santo Daime, el peyote, el kambó y todas las plantas sagradas que están en este mundo para curar la humanidad. Ahí está la cura de todos los males de este mundo. Es mi opinión personal.

“Estrechez de Corazón” es una canción del cantautor Jorge González, líder de la banda chilena Los Prisioneros, que re-versionaste en 2019. Particularmente, por el afecto que le tengo a la obra de Miguel Abuelo, percibo cierta influencia de él en tu vida ¿Qué músico te cambió la perspectiva?

Sí, es un tema de Jorge de quien soy muy amigo. Hace un tiempo me convocaron para hacer una versión de esa canción en un compilado para Latinoamérica. Lo hicimos junto con Santi Condomí de Los Nuevos Océanos. Miguel Abuelo me influyó muchísimo, como artista, como persona bohemia, admiraba su obra y su forma de pensar. No sé si me influenció tanto a la hora de componer. Los músicos que me cambiaron la perspectiva son muchos, desde Clapton, Hendrix, Stevie Ray Vaughan, Miles Davis, Jaco Pastorius, Charlie Parker, Prince, Bowie, Spinetta, Cerati, Tory Lanez, Kendrick Lamar, Lil Peep, Justin Bieber, y muchísimos más.

En buena hora estamos asistiendo a un cambio de paradigma  y a la caída de costumbres culturales que vienen arraigadas desde hace mucho tiempo en el inconsciente colectivo. ¿Cuál es tu mirada sobre todo lo que sucedió en el pasado y sigue pasando hoy en día en la sociedad? ¿Notás un cambio? ¿Cuál?

Hoy en día me parece que la cultura está muerta. Este país está matando a la cultura poco a poco, así que actualmente no tengo una buena visión sobre eso, y sí, veo cambios. La gente no lee libros, no va tanto al teatro, por supuesto que ahora todo eso es imposible, pero sí veo un cambio para peor, veo que a la gente cada vez le interesa menos el arte, por supuesto que siempre hay un grupo de resistencia pero no lo veo en la masa, en el pueblo, en el público que consume entretenimiento más que arte actualmente.

¿Y del trap que pensás? Como movimiento joven, ¿es el nuevo rock? Escuchando tu canción “Dislexia Emocional” noto una crítica hacia la coyuntura cultural ¿eso cambió desde 2010 al 2020?

Al Trap lo veo fantástico, veo mucha unión entre los músicos del género y también veo que se le da una identidad y un reconocimiento súper importante al productor que antes no se le daba. Con respecto a la letra de mi canción “Dislexia Emocional”, no me creo un profeta pero muchas de las cosas de las que hablo en la canción (que compuse en el 2010 más o menos) se están cumpliendo ahora, lamentablemente la parte mala. En esa canción vaticino un futuro con valores más tirados hacia lo material y no hacia los valores más importantes para mí. Toda la parte del bling y de las letras sin mensajes no me cabe, la parte mala de la música actual, que no es toda así. Escuchás a Acru o a Holy K y las letras te vuelan la cabeza, me gusta mucho el Fili Wey, Cazzu, La Joaqui. L-Gante se está convirtiendo indiscutiblemente en un ídolo popular y hace mucho que no teníamos uno, eso está buenísimo. Después, con todos los artistas en general del género urbano, me gusta mucho lo que hacen a nivel sonido, métrica, no tanto las letras, no me cierra tanto escuchar letras que hablen de cuánta plata tienen o cuantas reproducciones tienen, o las marcas de ropa cara que visten, pero los súper respeto, es su música y su generación y dominaron el mercado haciendo. Cualquier persona que le meta va a tener siempre mi respeto.

Si antes era sexo, drogas y rock and roll, ¿ahora cómo sería? ¿Wifi, antidepresivos y MasterChef?

Ni idea, no creo que tenga que haber una nueva triada de palabras que represente la actualidad. Drogas siempre hubo, sexo también, quizás haya menos rock n’ roll, pero basta que alguien agarre una guitarra y se toque un rock n’ roll y ahí aparece el rock de nuevo

¿Pensás que en este tiempo de aislamiento nos convertimos, aún más, en víctimas de nuestro amor?

Sí, totalmente. Me parece que nos convertimos en víctimas de un sistema siniestro, más allá del coronavirus que es un virus letal y ya se llevó a mucha gente. También, de alguna manera, estando tan encerrados, estamos más controlados y eso no me copa tanto, pero es parte del juego, no queda otra que cuidarse.

No sé si en esta etapa de aislamiento estuviste escuchando más o menos música, pero pregunto: ¿Te encontraste con algo excéntrico o novedoso en la escena local o internacional? ¿Cómo te encuentra la nueva industria musical?

Lo último que escuche, que me gustó mucho, es Silk Sonic que es una banda que hicieron Anderson Paak y Bruno Mars. Con respecto a la nueva industria musical, creo que no me encuentra, creo que de alguna manera sigue siendo lo mismo pero con distintos formatos y distintos personajes

¿Estuviste tocando más? ¿Tenés pensado sacar alguna nueva producción?

Actualmente no se puede tocar en ninguna parte. No me gusta el formato protocolar para tocar, necesito el contacto con la gente pero como no se puede tener un contacto real, prefiero no tenerlo. Hace poco saqué “Nubosidad Variable” (2021) y dentro de poco voy a sacar “Desierto”, una canción que tiene de invitada a Rebeca Flores, una gran artista, alta cantante y rapera. Seguiré sacando música en este 2021. También sigo componiendo y grabando bastante seguido, así que sí, voy a seguir editando música.

Mauro Feola




jueves, 22 de abril de 2021

LA ETAPA SINFÓNICA DE BANANA, entrevista a César Banana Pueyrredón

 

Durante más de 50 años de trayectoria, César Banana Pueyrredón consiguió dar forma a una exitosa carrera en el pop melódico argentino, con una trascendencia internacional que, incluso, lo llevó a tocar en varios países latinoamericanos. Todo comenzó en 1969 cuando forma el grupo Banana, alcanzando gran popularidad a principios de los años 70, a partir de las composiciones beat y melódicas de César y el sello de su estilo romántico. Todo esto tiene una manifiesta popularidad pero lo que no es tan conocido es que a partir de 1975, Banana empezó a tener un vuelco más rockero en sus conciertos, en los que, además de hacer su repertorio de baladas, hacían covers de temas de bandas progresivas internacionales. En esa época César estudiaba en la UCA (Universidad Católica) y escuchaba mucho a Genesis, Yes, Focus y Crucis. Esta última banda lo impactó tanto que generó su deseo de hacer música más elaborada y experimental.

Así, en 1979, Banana editaría Aún es tiempo de soñar, un trabajo de neto corte progresivo y sinfónico del que ya hemos conversado con César en una entrevista anterior.

En esta oportunidad, recorreremos juntos los discos Licuado (1980) y De entrecasa (1983), que aún mantenían gran parte de la estética de rock sinfónico. Estos dos álbumes serían los últimos de Banana como grupo, ya que se disolverían en 1984, dando inicio a la carrera solista de César que lo llevaría a ser uno de los más importantes exponentes del cancionero argentino pop y la balada romántica elaborada.

ENTREVISTA> Licuado y De Entrecasa, ¿son trabajos de un período de transición hacia lo que después sería tu carrera solista?

A la distancia veo que estaba haciendo una vuelta hacia lo más melódico, lo más baladístico. Estaba volviendo a la canción, sin tanto desarrollo instrumental de esa época “genesiana” de Aún es tiempo de soñar, surge en un período en el que tuve la necesitado experimentar con influencias de Gentle Giant y Focus y, también, inspirado por la música de Crucis y Spinetta.

Al venir de la música clásica, ¿no fue algo natural el hecho de hacer un material tan complejo como el de Aún es tiempo de soñar?

No. Fue un impulso del grupo. Yo cambié después de la gira de 1977 a Costa Rica, que fue el cierre de la etapa de Banana. Ahí experimentamos una popularidad impresionante. Sin embargo, esa gira ya la hicimos sin [Alejandro] Giordano, que era mi primo y el bajista, porque yo quería ir a otro lado. En el 78 ya me dediqué a Aún es tiempo de soñar, que sale editado en el 79. Por eso creo que fue el empuje de los nuevos integrantes de la banda. Nosotros hacíamos covers de muchos grupos progresivos en los shows. Hacíamos las famosas baladas de Banana mechadas con temas de Gentle Giant, Yes, Deep Purple, Boston… Hacíamos “Music”, de John Miles, cantado por el guitarrista Juan Gelly. Éramos leales a lo melódico del primer Banana pero le agregábamos el rock porque al público le gustaba y lo pedía y tenía los músicos para hacerlo.

Hiciste el movimiento de hacer covers de temas progresivos a componerlos…

Sí pero no porque me haya propuesto formar parte del rock progresivo. Fue solo una etapa de experimentación en mi carrera. Yo no enarbolé la bandera del rock progresivo en Argentina. Lo que pasó fue que, mucho tiempo después, en la época de internet lo empezaron a subir [a Aún es tiempo de soñar] y a considerarlo progresivo en los distintos foros y en las redes sociales. Hasta el día de hoy me lo nombran. Bueno, Diego Chornogubsky, el bajista de Banana en esa época, se acuerda de lo que le decían amigos músicos de lo que estábamos haciendo nosotros: “están poniendo en letras y música de rock en castellano la música que escuchábamos y que queremos hacer pero tenemos que hacer covers”. El único que se animó de este grupo de músicos de San Isidro, Barrio Norte, de esta clase social, fui yo. Están los tributos a Genesis o a Pink Floyd, a esos chicos también los conozco pero hacer temas propios ya era más raro. Aún hoy me manifiestan su admiración por habérmela jugado en ese momento.


LICUADO (1980)

En una entrevista anterior me dijiste que Licuado era “el disco más británico” que se había grabado acá y con una influencia fuerte del Alan Parsons Project. Comentanos un poco esto.

En realidad, las influencias eran múltiples no solo de Alan Parsons. Tal vez de Alan Parsons era esa cosa de poner obstinatos e ir cambiando los acordes arriba, algo que usamos mucho. Pero también teníamos otras cosas, como por ejemplo influencias de Genesis. En ese momento, escuchábamos mucho esa banda y queríamos desarrollar ese estilo de música con letras en español. Hacer canciones elaboradas que tuvieran un tinte comercial como para que EMI las promocionara, era algo más difícil.

¿Licuado fue más aceptado por EMI que Aún es tiempo de soñar?

Sí, fue un poquito más aceptado. De todas formas, la compañía ya me había cambiado a los productores… No era lo mismo. Bueno, ese sería el último disco que grabaría con EMI. Sin embargo, sí, a Licuado lo aceptaron un poco más porque era un disco que tenía más baladas. Me dejaron incluir esos temas instrumentales largos y raros. Incluso un tema llamado “Huellas de la tierra”, que había sido originalmente un trabajo práctico que hice para la Facultad…

¿Cómo fue eso?

Fue un trabajo de ejercicios para mi carrera de compositor en la UCA. Primero hice una versión pianística, luego otra para cuarteto de cuerdas… Como me gustaba, se la mostré una vez a los chicos del grupo. Yo no sabía cómo hacerla sonar porque era tan solo una partitura escrita que tocaba en el piano. Tenía carácter de trabajo práctico, con muchas disonancias y poli tonalidades. Pero a los chicos les gustó y entonces lo grabamos. No tenía título, y como sonaba medio malambo, le puse “Huellas de la tierra”. Se lo dediqué a Alberto Ginastera.

Creo que la influencia del Alan Parsons Project se hace presente en los instrumentales de Licuado…

Sí, pero no fue la típica copia de decir “hagamos algo como Parsons” sino sentir que a mí me identificaba esa onda de ir variando acordes sobre una base. Por ejemplo, “¿Dónde te escondes niña del viento?” es al revés: el acorde de arriba es el mismo y lo que cambian son los bajos. Es un arpegio que sirve para muchos acordes, hay ocho o diez acordes que se van y vienen de la tonalidad, que van cambiando los bajos y el arpegio es siempre lo mismo.

Medio “genesiano” eso, ¿no?

Sí, y también Spinetta. Yo creo que “Niña del viento” es un tributo a Spinetta por el tipo de poética profunda.

Ya que lo mencionás, ¿cuál es tu etapa preferida de Spinetta?

La primera. Para mí el primer disco de Almendra es el mejor del rock nacional. Cuando salió, yo tenía 17 años y me partió la cabeza. Así como me partió la cabeza escuchar “I Want to Hold Your Hand” a los 10, a los 17 me mato escuchar al Flaco… Y Los Gatos también. Me acuerdo que una vez que fui a La Cueva a escuchar a Los Shakers, pero no sé por qué ese día no tocaron, vi a Los Gatos sin querer y me enamoré del grupo… Gracias a Spinetta y Litto Nebbia y [Miguel] Cantilo, aprendimos todos a escribir canciones en español.


En “Barrilete al Cielo” hay un final bien progresivo, ¿cómo se te ocurrió?

Bueno, pero fijate que “Aún es tiempo de soñar” también tenía un final con un solo de guitarra a lo Queen, que hace un poco la melodía de la canción y algo más. A mí siempre me gustó eso, que el solista de guitarra hiciera la melodía de la canción…

Claro, pero rítmicamente es como que cambia la canción [“Barrilete al cielo”] en ese momento…

Sí, no me acuerdo si fue algo buscado. Fue una inclinación hacia lo más baladístico. Por ahí forma parte de mi tendencia de volver a la balada…

Igual es un tema largo. Y la letra tiene que ver con el escaparse de la situación que se estaba viviendo…

Sí. Lo que pasaba es que me costaba escribir canciones de amor en ese marco de música tan instrumental y demás. Claro, eso también se ve en la letra de “Aún es tiempo de soñar”: la fantasía nos va a salvar de este momento opresivo.


“Paren el mundo que estamos todos locos” y “El amor es siempre algo
 nuevo” son más new wave…

Sí, no sé. Son cosas intuitivas que le pasan a uno como compositor cuando estás optimista. “Paren el mundo” es un típico rocanrol. En ese tema creo que canto la nota más alta que hice en mi vida. Porque yo soy un barítono que canto La, Si bemol muy de vez en cuando, y en ese tema llegué a un Do… Le tuve que decir al técnico de grabación que bajara un poco la velocidad de la cinta para que quedara bien.

Realmente, la letra de ese tema no perdió actualidad…

La de “Alud” [de De entrecasa] tampoco, porque habla de la farándula y de la invasión mediática. Hoy podría hablar de la invasión de las redes y las plataformas digitales.

En “Control remoto” lo hiciste…

Sí, ese tema está bueno porque apunta a no dejar que alguien maneje tu vida.

Aparte ahí decís “la computadora te dice a quién debes amar y a quien debes odiar”, ¡es la lógica del algoritmo!

Claro, y no existía ni Facebook en ese momento. Pero, se puede decir, que ya se veía venir que nuestro mundo iba a estar dominado por ese universo informático.

A la segunda parte instrumental de “igual cantaré mi canción”, yo le veo un poco de influencia de Yes…

Sí, claro. Pero no sé de qué… (risas) No sé de qué disco, yo escuchaba un poco de todo.

La tapa de Licuado es media insólita…

Es fea. Se nos ocurrió tirando ideas con la gente de arte de la compañía. A mí se ocurrió el nombre Licuado y ellos dijeron “¿y si hacemos que la banda salga de un licuado?”… El productor de EMI nos apuró y terminó saliendo así. Es muy fea. Quisieron hacer una tapa comercial pero el contenido del disco está lejos de eso… El nombre fue por una idea de mezcla y de probar distintas mixturas pero la idea no era terminar cayendo de una licuadora, como en esa foto horrible… (risas) 


DE ENTRECASA (1983)

De entrecasa es un disco muy genesiano…

La idea era cómo usar esas texturas en una balada que dure cuatro minutos, que hable de amor y que sea seductora para una compañía discográfica. El título tiene que ver con volver a algo más íntimo. Es más, la foto la sacamos en la casa de un amigo mío que vive en Hurlingham.

La onda de “Que no entre nadie más” es muy interesante…

Es medio funky. Hacer un groove que fuera funky era muy difícil en español. La hice zapando con [el bajista] Fori Mattaldi, un gran amigote mío y uno de los impulsores para que yo escuchara esta música. Fue un tremendo laburo ponerle letra. Aparte voy a falsete en algunos momentos de la canción. Algo muy raro. Una vez lo hicimos en vivo y fue muy difícil de tocar.

“La enamorada del muro” es un temazo, ¿cómo te salió?

Es una historia real que me contó un fotógrafo. Fue uno de los temas en los que más investigué para hacer la letra. Fui al Museo de Ciencias Naturales de Parque Centenario a estudiar sobre esta enredadera y  sacar ideas… Laburé muchísimo en esa letra. Está muy buena. De mis trabajos, es uno de los que más me gustan. Hasta me propuse en un mismo verso poner los cinco sentidos, y puse: “un acorde dulce, suave, de perfumes verdes…” Me encantó la historia que inspiró el tema: un tano que amaba la enredadera pero sus vecinos que se quejaban de ella, hasta que él, ya harto de todo, decide cortarla. A veces los músicos nos movemos así, con ganas de escribir rescatando el ingrediente poético que tienen todas las cosas que están alrededor. Todas las situaciones tienen un ingrediente poético solo hay que saber encontrarlo. La antena de un compositor tiene que estar sensible. Hay cosas poéticas que suceden todo el tiempo no es necesario esperar enamorarse o desenamorarse para hacer una canción.

“Vivir con vos es estar lejos del mundo” es otro temazo.

Ese está dedicado a mi mujer. Tiene una impronta genesiana, bien de Phil Collins.

“La golondrina ya puede volar” es otro tema con influencia muy británica…

Sí, tal cual. La letra salió un poco a la manera de “She´s Leaving Home” de los Beatles. Una sobrina mía se enfrentó con su familia por seguir a un novio y yo me inspiré en lo que le había pasado. Entonces usé “golondrina” porque me gusta el sonido de esa palabra. La golondrina que ya podía dejar de lado el mandato de los padres y seguir su corazón.


“Espantapájaros, vas a quedarte sola” es un tema medio gracioso…

Sí, la idea era como un coro de voces que me aconsejan algo. Como el típico angelito y demonio que están afuera de uno sugiriéndote cosas. La letra del tema le habla a una chica para que no se aísle, para que no termine siendo un espantapájaros por no abrirse a las nuevas relaciones.

El tema de la soledad, tanto en esta canción como en otros clásicos tuyos, siempre te inspiró, ¿no?

De alguna manera es como que tiene que ver con mi propia vida, sin tratar de hacer con esto un auto análisis psicológico. Soy el último de ocho hermanos, jugué solo toda mi vida, miraba televisión solo porque mis hermanos iban al colegio y aprendí a leer y escribir solo mirando televisión. Entonces, cuando a los ocho, nueve años, aparece un piano en mi casa yo seguía las clases de mi hermano mayor, tocando de oído. Y entonces alguien dijo: “César, también tiene inquietudes para tocar”… Entonces me pusieron profesora a mí también. Y a los tres meses de tomar clases ya estaba componiéndoles canciones a mis compañeras de banco del colegio. Se ve que tenía todo un mundo propio que el piano y la música me ayudaron a canalizar y a sacarme la soledad. La soledad, como decís vos, en un tema que siempre está dando vueltas en mis canciones porque es algo propio.

El disco termina con el “Rock cósmico”, casi un rocanrol de Riff…

¿Sabés como salió? Fuimos a una sala de ensayo en donde iban muchas bandas, y en una pared habían dejado un papel pegado con una lista de temas referidos al cosmos. Y ahí empecé a improvisar la letra… Una improvisación total de ensayo. Como auto-ridiculizándonos metidos en el disfraz de grupo rockero. Lo grabamos en [el estudio] El Cielito y afuera, estaba David Lebón jugando con los perros. David era como el socio de [el ingeniero de grabación Gustavo] Gauvry en el estudio. Entonces lo llamé a David para que hiciera una parte de la canción. Metió unos gritos re grosos al final del tema: “Hay que tocaaaaar rocanroooollll…” A David le gustaba mucho como tocaba nuestro guitarrista, Juan Gelly.


¿Cuáles son tus influencias como tecladista?

Bueno, hablamos mucho de Genesis en esta nota así que obviamente voy a nombrar a Tony Banks. Pero también Jon Lord de Deep Purple. Aunque es claro que toco piano, sin querer copiarlos sino porque me sale, como Elton John y Billy Joel. La forma de tocar los acordes, las inversiones. Nunca me senté a tocar pensando en imitarlos pero cuando me siento a tocar y luego lo escucho digo: “me sale como Elton John”. No soy un pianista de hacer solos, como los pianistas de jazz o rock, lo que sí tengo es buena rítmica, me acompaño bien y me gustan las armonías raras, las inversiones de acordes un poco más jugadas.

¿A la distancia, cómo ves esta etapa musical tuya?

Valió la pena haber grabado estos discos. No me arrepiento para nada. Alguien me podrá decir que sacrifiqué muchos años de mi carrera para meter mis baladas en otros mercados pero no… Es fenómeno haber pasado por esa experimentación. Necesitaba hacerla, estaba estudiando música y composición en la UCA, algo que también influyó muchísimo en esa mirada humanista de mis canciones. “Preguntas al Cielo”, por ejemplo, parece sacado de Filosofía de la UCA, ya que habla sobre la búsqueda del Ser Superior, etc. Aún es tiempo de soñar es plena experimentación y Licuado y De entrecasa es el pasaje de la experimentación a la balada más sofisticada que ya pertenece a mi etapa solista.

Emiliano Acevedo