sábado, 27 de octubre de 2018

BUDDY HOLLY & THE CRICKETS: El recuerdo de lo que pudo ser


The ‘Chirping’ Crickets fue el disco debút del trascendental Buddy Holly y el único de sus LP en el que será acompañado por los Crickets. Fue editado en 1957, grabado en el estado sureño de Nuevo México en Estados Unidos, y producido por Norman Petty, quien no solo representaba artistas sino que también cumplía el rol de ingeniero de sonido.

Hollly, como gran admirador de Elvis Presley, usó los patrones estéticos propios del rockabilly (un cantante y guitarrista acompañado de una base de guitarra, contrabajo y batería, adornados con voces de fondo), pero gracias a su dulce timbre de voz y a la inusual claridad final alcanzada en los instrumentos y arreglos corales, despojó a este estilo de su característica rudeza y lo trasladó al terreno del pop, logrando un sonido novedoso y abriendo las puertas a distintos públicos, incluyendo aquellos que se encontraban del otro lado del océano (no debe olvidarse que los Beatles se llamaron “escarabajos” inspirados en los “grillos” de Buddy) El líder de los Crickets, que se destacaba como un singular guitarrista, contaba además con el baterista Jerry Allison, quien proponía frecuentemente nuevas formas de tocar y se adaptaba a los ritmos propuestos por aquél con gran versatilidad.


Además de la calidad sonora lograda en el estudio, otra razón del éxito de este disco radica en su contenido lírico. El furor que el rock & roll había generado en 1956 por su carácter controversial e innovador, a lo largo y a lo ancho de Estados Unidos, estaba empezando apagarse a principios del año siguiente. Esto se debió principalmente a que había dejado de ser una novedad, por lo tanto se necesitaban nuevos esquemas y fórmulas de composición y grabación, combinados con temáticas que siguieran respondiendo a las necesidades de un mercado conformado mayoritariamente por el público adolescente.

Así, empezó a crecer el volumen de canciones referidas a las problemáticas de los más juveniles, contexto en el que Holly supo desempeñarse notablemente, siendo el autor de algunos de los mayores éxitos de la época que trataban de las relaciones amorosas. En este álbum se destacan  “That’ll Be The Day”, tema en el que Buddy, con tono provocador pero a la vez alegre y armonioso, le advertía a su amada: “dices que vas a dejarme / sabes que eso es mentira / porque ese será el día / en que moriré”. En “Not Fade Away” se mostraba firme y autoritario: “voy a decirte cómo va a ser / me darás todo tu amor a mí”. Mientras, “Oh Boy” refleja la excitación propia de un muchacho antes de concurrir a su cita: “toda mi vida estuve esperando / esta noche no habrá titubeos”.

En sólo dos años, Buddy Holly generó una influencia considerable en la generación de artistas que gozarían del éxito en los 60. Le dió forma al prototipo de banda pop que sería repetido infinitas veces y derribó el estereotipo de frontman seductor y galán, luciendo orgullosamente sus inmensos lentes. Sin embargo, su carrera musical finalizó abruptamente el 3 de febrero de 1959, cuando perdió la vida en un accidente aéreo junto con los músicos Ritchie Valens y J.P. “Big Bopper” Richardson. Años después, el cantante folk Don McLean –en su canción “American Pie”- nombraría esta fecha como “el día en que la música murió”.

Juan Irurueta


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