jueves, 5 de mayo de 2016

CAROLA, Damas Negras: El Blues con polleras...



Es el Blues, ¿entendés, loco? El Blues… Y una de las minas que mejor lo cantó en castellano fue Carola, especialmente en su monumental primer álbum, Damas Negras. Además, fue una de las primeras vocalistas femeninas de nuestro rock, junto a Gabriela y Cristina Plate.

Su nombre real era Carolina María Fasulo, y fue la esposa del pianista Carlos Cutaia. Justamente, a fines de los 70, ambos integrarían un proyecto musical en dúo llamado C.C.Cutaia. Pero antes, mucho antes de eso, Carlos impulsaría a Carola a dar forma a este Damas Negras, en 1973, junto a un seleccionado de músicos invitados de excepción como Oscar Moro, Bocón Frascino, Emilio Del Guercio y Ricardo Jelicié.

Carola era una cantante excepcional, le daba vida a cada canción que interpretaba, vocalizando igual de bien tanto temas fuertes como sutiles. Ella misma le contó su historia a Alfredo Rosso, en una entrevista de 1996: “Yo siempre canté, desde chiquita. Lo primero que hice fue estudiar bailes españoles, tocar las castañuelas y zapatear. Me encantaba el rock n´roll, que en ese momento era una cosa medio prohibida. Al salir del secundario, empecé a estudiar danza, y en 1971 rendí una prueba para entrar en la troupe de la puesta argentina  de (la Opera Rock) Hair…”

Luego de ese hito en su carrera Carola descubrió lo que era componer canciones “en un sentido rockero”, según sus propias palabras. “Un estilo diferente, contracultural… Éramos enemigos de un montón de cosas que sentíamos como parte del “sistema”. Los dos compositores que más me influyeron fueron Javier Martínez y Spinetta. Justamente, todo lo que hice en Damas Negras tiene que ver con esa poética. Esa cosa de ´si no hablo de mí/ de quien voy a hablar´ de Manal y toda la poética de Luis Alberto están presentes y me motivaron temas como el propio ´Damas Negras´ o ´Hadas de Donde´”.

Y es que Carola no era ninguna improvisada, además de componer lindas letras, tenía un gran entrenamiento musical formal y sabía tocar la guitarra. Asimismo tenía la posibilidad de trabajar codo a codo con un músico extremadamente talentoso como Carlos Cutaia, quien oficiaba como arreglador, acompañante y director musical de su mujer. Esto ocurrió cuando el músico se alejó de Pescado Rabioso, a principios de 1973. Carola ya había grabado en 1972 un simple con los temas “Eva estirpe terrena” y “El viaje” acompañada por David Lebon. Este Damas Negras, que sería su primer (y único) álbum solista, sería grabado en ese mismo año 73, en los estudios Phonalex, y es editado en 1974 por Talent, el mítico sello de Jorge Álvarez. Más tarde, dos de los temas del álbum fueron elegidos para la difusión, al integrar dos compilados de la discográfica: “Blues de una vez más” en Rock para mis amigos, volumen 2, y “María Corazón” en el volumen 3.

UN DISCO EXTRAÑAMENTE HERMOSO…

Damas Negras empezaba con un blues hecho y derecho: “Blues de una vez más”, con Carola en voz y guitarra y Carlos Cutaia en piano. Un tema muy sencillo y encantador, en donde la vocalista demuestra que bien sabe cantar “como una negra”, armonizando con ella misma. ¡Y qué liricas!: “Una vez más, vuelvo a casa/ y me miro en el espejo/ ¿Qué es lo que pasa conmigo?/ Que vieja estoy…” Para finiquitar la canción con un antológico: “Una vez más, vuelvo a hacerlo/ yo me dejo ir con él…/ Que máquina tienes blues…/ La Máquina del blues…” Un himno. Una apertura bien arriba para un disco que no deja respiro.

Si el primer tema era descarnado y simple, el segundo, “María Corazón”, directamente, te pasa por arriba. Rockazo con Cutaia (piano), Jelicié (bajo), Moro (batería) y Bocón Frascino (guitarra eléctrica). Casi casi, un mini Pescado Rabioso, en donde Bocón y Cutaia se sacan chispas, mientras que Carola se canta a si misma: “Ubícate bien el coxis y entrénate lo mejor / reventada bailarina, Isadora súper Stone…”, a la vez que se aconseja darle duro “a la matraca”, mandando “al carajo lo demás…” Un temazo que permanece entre las gemas no tan conocidas de esta etapa fundacional de nuestro rock.

En “Oh, Gran Lago”, como decía Carola, a partir de la lírica spinettiana, la cantante da vida a una hermosa canción, muy sutil, casi en la onda Traffic, en especial debido a la participación de Jorge Cutello en flauta. También se destaca ese grande de la batería como fue Osvaldo López, quien luego acompañaría a Spinetta en su disco A 18 minutos del sol. Por supuesto, Carola la descose, cantando tan dulcemente como puede, en forma magistral, anticipándose casi 10 años a vocalistas que curtieron este mismo estilo, como Celeste Carballo. Curiosamente, en esta canción no participa Cutaia. 

Un sentimiento melancólico es el que impregna “Noches de ciudad”, otro blues sutil en donde Carola espera a ese hombre “que vendrá hacía mí”, o a ese Dios “qué no está con nosotros, como el pan”. Sin dudas, un hermoso tema, que con una lírica simple va descubriendo una realidad urbana y muy porteña. Participan aquí Cutaia, que la vuelve a descocer con un solo antológico de piano, y una base deluxe: Emilio Del Guercio (bajo) y Oscar Moro (batería).

En el rock “La loca alemana”, se cuenta la historia de un curioso personaje (¿otro álter ego de Carola?), como tantos hay en la metrópoli, “con dos mil cien años, y dos mil cien amigos”. Una almacenera demente, que hace culto de la “senectud, divino tesoro”. Otra canción con ritmo muy marcado en la que participan los mismos músicos que en “Noche de ciudad”.

Blues en estado puro es lo que se destila en “Avenida Libertador”, impresionante bosquejo de la famosa arteria porteña, en donde el personaje de la canción, cual mujer fatal, se deja llevar por su amante, “en las noches de luna llena”. Otro tema que cuenta con la participación del Bocón Frascino y su guitarra blusera, y con Carola cantando con mucho ecoooo… Un gran momento de este álbum.

En la letra de “El ermitaño seductor” se aprecia la influencia nietszcheriana en la poesía de Carola, especialmente, debido a su historia que relata las vicisitudes de un eremita que  “solo sabe andar” y que, cual si fuera Zaratustra, “con su linterna aclara la oscuridad…”, cantando “junto a la serpiente”. Otro tema muy bien elaborado en lo instrumental, que cuenta con la participación estelar del notable cellista José Bragato.

Así llegamos al final de este álbum con su tema homónimo: “Damas Negras”. Como decía Carola, otro momento spinettiano, es una canción larga (8.25 minutos) en donde la cantante entona complejas liricas, en sintonía con (y posiblemente inspirado por) el “Cristalida”, de Pescado Rabioso. Otra vez, Cutaia realiza una labor destacada en lo instrumental, no solo en piano sino también golpeando unas maderas, que son utilizadas como una inusual percusión. Carola se esfuerza por interpretar lo mejor posible su letra más compleja, y lo logra, cantando igual de bien cada una de las secciones de este tema, en donde también participan Del Guercio y Moro. Sin dudas, un gran final para un gran álbum.

Luego de la grabación de este Damas Negras, extrañamente, quizás debido a su carácter “divagante”, como explicaba ella misma, Carola no insistió en esta veta blusera que tan bien había interpretado. Con el correr de los años se dedicó a las comedias musicales, llegando a trabajar en teatro con Tato Bores, e, incluso, interpretando Chicago, la comedia musical de Bob Fosse. Más tarde emprendería el proyecto de Ce-Ce Cutaia, a la vez de continuar con sus trabajos como modelo publicitaria y realizando talleres de video. 

Ojalá algún día volviera a cantar estos blues… Si se anima y tiene ganas, señora Carola, véngase, de donde quiera que esté, que va a ser un lujo volver a escucharla…

Emiliano Acevedo 

 

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