

Palabras tan ciertas como esa presunción de
que en ninguna otra latitud más que en la nuestra existiría
esta música que Pez cincela, disco a disco, siempre sorprendiendo, nunca
parando en su exploración sonora.
Porque, seamos sinceros; ¿Quién podría haber
predicho esta nueva propuesta artística del grupo? Dejando de lado la distorsión
de los últimos discos, Pez apuesta por un nuevo sonido, más ecléctico, en donde
se gana su lugar la labor del nuevo integrante Juan Ravioli en los
teclados. Y es que este músico le da una nueva gama de colores sonoros al trio
formado por Ariel (voz, guitarras eléctrica y acústica), Franco Salvador (voz, batería y percusión) y Fósforo García (bajo). Puede
que la transición resulte brusca e
incluso forzada para algunos, pero el proceso que los ha conducido hasta aquí
ha requerido 23 años, en donde Pez ha dejado bastantes pistas en el camino como
anticipando el tipo de música que hacen hoy.

“Más música”, muy sutil, con arreglos de exquisito
sabor latino, y con unas liricas con mucho gancho; un numero sumamente
cancionero. Por supuesto, esta apasionante composición incluye secciones que
remiten incluso al rock de fusión, con una banda que se muestra mucho más
comedida y elegante de lo que se podría creer tras semejante cambio
estilístico, sin ningún exceso.
“Tan deprisa ya” es otra deliciosa canción movida,
pero con mucho sabor folk-pop de fogón. “De la vieja escuela del amor” es, a
decir de Minimal, un tema “kissero”, y algo de eso hay, porque es un rockazo
bien setentoso que recuerda algunas canciones del primer Kiss. Sin embargo, hay
que puntualizar que los colchones de órgano de Juan Ravioli en esta canción lo
acercan al Carlos Cutaia de Pescado Rabioso…
“Disparado” es el único tema en donde participan en
la composición los cuatro músicos de Pez; quizás sea por eso su amplitud
rítmica y dinámica, que van desarrollando esta canción en varias secciones
hasta terminar en un estribillo repetitivo y tan pegadizo como un mantra.
“Lo nuevo” es psicodelia ensoñadora, un hermoso
viaje en donde el oyente se deja llevar por la música del grupo hacia una
atmosfera fantasiosa, pletórica de acertadas intuiciones. Si nos atenemos al
nombre del álbum este sería un tema que nos recuerda los momentos más volados
del mejor Color Humano, aunque las comparaciones son sumamente odiosas, y más
en una obra tan heterogénea e inesperada como la de Pez.

En “Cerezas”,
por el contrario, vuelve el pop de alto nivel; ese que nos recuerda al rock
argentino de los 80. Quizás esto haya sido pensado adrede o no por la banda;
como sea, es otra canción irresistible, con destino de corte de difusión, si
eso existiera en el universo inusual del grupo de Minimal.
En “Lucifer” predomina una dinámica polirrítmica,
con partes más tranquilas (las de los intermezzos
melódicos) y otras más rock (las cantadas por Ariel), lo que propulsan al tema
hacía una área musical indeterminada, que se termina resolviendo súbitamente.
“Cuidate,
monito” da muestras de una herencia rítmica rioplatense muy evidente, aunque no
sería nada apropiado asociar a esta canción al candombe, ya que su acentuación
rítmica difiere bastante de ese género musical. De esta forma, Pez, otra vez,
forma y deforma, a partir de una rítmica determinada, creando una música que no
está ni acá, ni allá, y que suena particularmente novedosa.
Tan novedosa e inusual como la canción final, “Calabacita”,
que, como su título lo indica, está dedicada a CFK, según las palabras de
Sanzo. Aquí, a partir de una letra verdaderamente cariñosa hacía la figura de
la ex presidente, se termina desarrollando una canción muy sutil, pero que también
puede llegar a guardar cierto dejo de ironía, que la saca del homenaje simple y
aburrido, para emparentarla, más bien, con ese tipo de canción pop de amor como
fue “Canción para el día que se muera Elton John”, incluida en el primer álbum
solista de Ariel, Un hombre solo no puede
hacer nada, editado en 2004.
La producción de todos los integrantes de Pez y la
mezcla de Walter Chacón otorgan al álbum un alma cristalina, nada espesa,
reforzando la sensación “retro” propulsada por los teclados de Ravioli, que
deja la escucha de este nuevo material de Pez. Ahora lo que queda por definir
es si éste es el principio de un nuevo camino para el cuarteto, o solo un álbum
donde Ariel Minimal ha desahogado de forma puntual sus tendencias más clásicas
enfocadas hacia el rock clásico. Lo único seguro es que Rock Nacional ya está aquí, convertido, seguramente, en el que será
uno de los mejores discos del año, lo que nos da la seguridad de que este viaje
ha valido la pena.
Emiliano Acevedo
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